Enrique Brinkmann | Pintor “Me molesta que la pintura sea un producto y el pintor una marca”

Enrique Brinkmann en la Casa Gerald Brenan. Enrique Brinkmann en la Casa Gerald Brenan.

Enrique Brinkmann en la Casa Gerald Brenan. / Javier Albiñana (Málaga)

De formación autodidacta, en 1957 realizó su primera exposición en su Málaga natal. Cuatro años más tarde abandonó España para residir en Colonia, Berlín y Roma, ciudades en las que aprendió grabado. A su regreso en 1967 desarrolló su obra tanto en pintura como en grabado y dibujo. La obra de Brinkmann está presente en una larga lista de colecciones, entre las que destacan las del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), la Albertina de Viena, el Wallraf- Richartz de Colonia, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Fundación Juan March y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Es, sin duda, uno de los nombres propios de las artes plásticas del último medio siglo. En la Casa Gerald Brenan de Churriana (Málaga) se puede ver algunas de sus litografías más recientes. 

–¿Un artista lo es durante los 365 días al año de toda su vida?

–Creo que sí, aunque es una pregunta complicada. Existe ese dicho de que el hábito hace al monje. Yo pienso que al artista le ocurre algo parecido al científico, que trabaja en el laboratorio pero cuando sale de allí y sigue dándole vueltas al problema que tenga entre manos. En eso no hay descanso, aunque no estés trabajando todos los días intensivamente.

–Es una condición de la que cuesta desprenderse...

–Sí, pero ni ganas de hacerlo. El hecho de estar en este mundo de la pintura te hace que lo veas todo desde otra perspectiva.

–¿No piensa en jubilarse?

–No, para nada, ya llegará la jubilación definitiva, ahí nos jubilamos todos.

–¿Cómo se afronta la creación en la madurez y que la hace diferente de la que recuerda de sus comienzos?

–Es verdad que es distinto, no se ven las cosas de la misma manera. Cuando veo alguna retrospectiva de un pintor que me interesa siempre me fijo con mucho detenimiento en la obra de joven, que tiene una fuerza y un candor que se pierde, por mucho que uno quiera retenerlo, aunque se gana en sabiduría. En mi caso, que me interesa mucho lo matérico, conoces más a cerca de la materia, lo que puede quedar bien, lo que no, si lo tienes que rascar y reemplazar antes de que seque... y es un mundo donde la experiencia técnica se adquiere con los años. Quizás se pierda algo por el camino pero también ganas por otro lado, sabes más.

–Regresa al panorama expositivo andaluz en la Casa de Gerald Brenan de Churriana (Málaga) con Litografías recientes (2014-2019). ¿Qué le une a este personaje?

–Gerald Brenan es una figura para mí muy importante intelectualmente hablando. Laberinto español es una obra fundamental, la deberíamos de leer todos los españoles para ver ese espíritu crítico de una persona tan culta y demócrata. Nos deberíamos de mirar todos en ese espejo, se aprende mucho leyendo a Brenan. Para mí es una satisfacción enorme exponer en la casa en la que vivió.

–Han pasado más de 60 años desde su primera exposición, ¿cómo ha visto desde dentro la evolución de las artes plásticas?

–El siglo XX en artes plásticas, y en muchas otras cosas, ha sido un siglo tremendo, para bien y para mal. Comenzó con Picasso, que le dio la vuelta a la mirada que había, fue un pintor titánico y genial que renovó todo. Y no solamente él. El cubismo, la abstracción, las guerras, los grandes conflictos son el siglo XX. A mi lo que me molesta de hoy es ese sistema que hay en el mundo en el que la pintura es un producto y el pintor es una marca, y hay que vender el producto y la marca. Está muy enfocado al mercado, ya no es el mundo del arte como se hablaba antes, sino el mercado del arte. Esto para mi forma de ver es muy negativo.

–¿Es tan superfluo como parece ser la sociedad actual?

–Sí, quizás, precisamente por el consumismo exacerbado. La cultura no se potencia, veo a veces a una juventud poco cultivada, muy pillada por el móvil. Eso sí que es una pandemia. Cuando voy en el metro en Madrid y te das cuenta que todo el mundo tiene la cabeza en el cacharrito, la gente ya no se mira, viven pegados a la pantalla y eso ni lo entiendo ni me gusta, lo veo triste.

–¿Y considera que esta forma de vivir marcará la creación artística?

–Influir seguro que influirá, pero si el mundo actual es así, seguirá no por lo que a mí me guste, sino por lo que la inmensa mayoría de las personas hagan. Quizás es que la sociedad va un poco a eso y nos tendremos que resignar. Yo creo que influirá, aunque siempre se dan casos que se escapan. Sin embargo, si no entras en el juego del mercado tampoco funciona, es muy complicado. No es un problema exclusivamente de España, es general.

–¿Cree que hay menos libertad a la hora de crear por las exigencias del mercado?

–Libertad sí la hay, salvo en países como China, pero en todo el mundo occidental libertad para pintar o crear sí se tiene. Aunque a veces te preguntas para qué si todo va a funcionar con respecto a un mercado. Siempre ha habido comercio con el arte, pero no como hoy.

–¿Cuáles son sus proyectos más a corto plazo?

–Hasta la pandemia y el confinamiento he tenido mucha actividad. En 2019 expuse en Londres, en Bilbao, en Madrid y tenía previsto una exposición en Miami con la galería de Londres pero se ha suspendido. También iba a ir a la Frieze de Londres con una selección de cuadros míos, aunque aún estaba por confirmar, pero es más que probable que no se celebre tampoco.

–¿Tiene muchas cosas en el aire?

–Sí que hay muchas cosas en el aire pero está todo prácticamente parado, en España y fuera de aquí.

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