Steven Levitsky | Politólogo y profesor de la Universidad de Harvard

"Trump no está en condiciones de presidir EEUU y su Gabinete lo sabe"

"Trump no está en condiciones de presidir EEUU y su Gabinete lo sabe" "Trump no está en condiciones de presidir EEUU y su Gabinete lo sabe"

"Trump no está en condiciones de presidir EEUU y su Gabinete lo sabe" / stephanie mitchell

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Steven Levitsky atiende la llamada de este diario desde Boston con un fluido español de acento latino. Profesor de las asignaturas de Gobierno y Estudios Sociales en la Universidad de Harvard, su investigación se centra en los partidos políticos, la democracia y el autoritarismo en Latinoamérica y distintos países en vías de desarrollo. Junto a Daniel Ziblatt, es coautor de Cómo mueren las democracias (Ariel), un análisis de la respuesta de los sistemas democráticos ante el avance de los populismos, con un recorrido que abarca desde la dictadura de Pinochet en Chile hasta la Presidencia de Donald Trump.

-¿La democracia está en peligro?

-No está en su mejor momento. Hace 25 años había un optimismo exagerado y se creía que era el único modelo viable en el mundo. Ahora estamos en un tiempo mucho más difícil, sobre todo por cambios geopolíticos que quizás eran inevitables, como el auge de China, la agresividad de Rusia o la debilidad de la UE y Estados Unidos, que ahora mismo es el Gobierno menos interesado en la promoción de la democracia desde los años 70.

No podemos exigir a los políticos que sean Mandela o Washington todos los días, pero sí en una crisis"

-¿De qué forma desaparece una democracia?

-La forma de morir ha cambiado mucho. Durante gran parte del siglo XX, sobre todo en la Guerra Fría, el modo más común era el golpe de Estado militar, como el de Pinochet en Chile. Aunque todavía quedan ejemplos clásicos, como el de Egipto, hoy en día, los colapsos democráticos vienen de la mano de los propios presidentes elegidos, que utilizan las instituciones de la democracia para destruirla desde dentro. Ése fue el caso de Chávez en Venezuela.

-En su libro Cómo mueren las democracias (Ariel) menciona a la Segunda República como ejemplo histórico de democracia socavada por sus políticos.

-La Segunda República murió por un golpe de Estado clásico, pero la señalamos como un caso de extrema polarización.

-¿Qué síntomas presenta una democracia enferma?

-Hay dos normas básicas que si no se existen o se debilitan pueden terminar en la muerte de una democracia. La primero es la tolerancia mutua. Los principales partidos se reconocen entre ellos como rivales legítimos y no como un enemigo o una amenaza existencial. Eso es algo que no existía en España en los años 30. La otra norma es la contención de los políticos en el uso de las instituciones. Es muy fácil interpretar literalmente una ley de forma en que la mina. Es lo que el constitucionalista de Harvard Mark Tushnet llama constitutional hardball -constitucionalismo despiadado-. Es lo que pasó en Venezuela con Chávez, en Argentina con Perón, en Perú con Fujimori, o en España en la década de los 30.

-¿Trump deriva a esas actitudes?

-Sí, pero los síntomas ya se presentaban antes, en los años noventa, desde el impeachment a Bill Clinton, aunque se han acelerado con Trump. La erosión de las normas democráticas empezó antes de Trump y va a seguir después de él.

-¿También se están dando en la política española con la crisis catalana?

-Hay elementos paralelos, tanto en la falta de tolerancia mutua como en el uso muy agresivo de las instituciones, por los dos lados. Pero el resultado de la crisis no tendría por qué ser el colapso de la democracia española, sino una crisis constitucional o la fractura del Estado.

-¿Cómo se cura una democracia enferma?

-Es la pregunta clave. Los políticos no suelen reconocer la gravedad del problema hasta que es tarde. Un caso clásico es el de España en los años treinta, pero hay otros muchos ejemplos, como Brasil en los 60 o Chile en 1973. Sólo después toman medidas para crear nuevas formas de hacer política, como en Chile en los 90. Mi colega y coautor Daniel Ziblatt distingue entre crisis que son como el cambio climático, con las que sabes que va a destruir todo si no tomas medidas drásticas, y las que son como un terremoto, como un gobierno terrible, una crisis económica o un masivo movimiento de protesta. En estos casos, si los políticos actúan con prudencia y defienden las instituciones, el terremoto pasará. Creo que lo que ocurre en EEUU es un terremoto.

-Incluso la Administración Trump está polarizada por dentro, con miembros que activamente boicotean al presidente.

-Aunque ocurrió algo parecido en los últimos días de Nixon, lo que está pasando ahora es inédito. Hay muchas pruebas de que Trump no está en condiciones de ser presidente. Su Gabinete lo sabe desde hace mucho tiempo, pero no quiere reconocerlo.

-Usted escribe en su libro que el Partido Republicano no tuvo la valentía de pedir el voto para sus rivales, como sí ocurrió en Austria, donde los socialistas y conservadores partidos se aliaron contra la ultraderecha.

-La mayoría de los políticos son pragmáticos. Buscan avanzar en sus propios intereses en el corto plazo. En el libro decimos que en algunos momentos de crisis los partidos reconocen que tienen que dejar a un lado su lucha por el poder por el bien de la democracia. Lo que pasa es que en EEUU hace mucho tiempo que no tenemos una crisis constitucional y ningún político vivo sabe qué hacer. No es parte del guión. Si fueran chilenos y hubieran vivido los años 70 sabrían reconocer que hay un momento en el que hay dejar a un lado por un momento las ambiciones cortoplacistas y pensar en la democracia. No podemos pedir a los políticos que sean George Washington o Nelson Mandela todos los días, pero sí que lo sean durante un momento de crisis.

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