Magallanes le salvó la vida, el Índico se la cobró

El martes 4 de agosto se cumplen quinientos años de la muerte de Juan Sebastián Elcano

Después de regresar al mando de la nao ‘Victoria’ en septiembre de 1522, intentó una segunda expedición a las Molucas

Estatua dedicada a Juan Sebastián Elcano junto al Costurero de la Reina de Sevilla.
Estatua dedicada a Juan Sebastián Elcano junto al Costurero de la Reina de Sevilla. / José Ángel García

Dos quintos centenarios el mismo año. El de la boda de Carlos I de España (1500) y el de la muerte de Juan Sebastián Elcano (1486-1526). El monarca ya será Carlos V cuando el marino de Guetaria regresa al mando de la nao Victoria a Sevilla el 11 de septiembre de 1522. Sus destinos se cruzarán ese mismo día. Nada más llegar, con toques de artillería y repique de campanas en las iglesias de Sevilla, Elcano escribe al emperador una carta en la que le dice “que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo, que yendo para el occidente hayamos regresado por el oriente”.

Carlos I se había casado con su prima Isabel de Portugal en el Alcázar de Sevilla el 8 de marzo de 1526. El cadáver de Juan Sebastián Elcano, envuelto en un sudario, fue lanzado a aguas del océano Índico el 4 de agosto de 1526. Dos hombres y un destino. Después de muchas vicisitudes, por el Tratado de Zaragoza de 1529 que adjudica las Molucas a Portugal, Carlos V le vende por 350.000 escudos el archipiélago al rey de Portugal Juan III, que con la boda real se había convertido en su cuñado. Después de la primera vuelta al mundo, Elcano lo intentó de nuevo. Si en la primera sobrevivió tres veces (fue uno de los 44 sentenciados a muerte por el motín contra Magallanes y un largo proceso febril lo tuvo en cama y le libró de la batalla en la que murió el navegante portugués en Filipinas y de la emboscada del rey de Cebú que le costó la vida a 27 de los tripulantes), en el segundo intento no tuvo tanta suerte. En este segundo viaje, también mueren sus hermanos Martín Pérez de Elcano, Ochoa Martínez de Elcano y Antón de Elcano y su cuñado Sebastián de Guevara, casado con su hermana Inés. El cuñado del emperador recibió un archipiélago lleno de especias; el del marino fue alimento de los peces en el océano Índico.

Se ha contado de Luis de la Fuente que durante los 18 meses que estuvo en el paro tras ser cesado como entrenador del Alavés en Segunda B, buscaba refugio en el bar de un antiguo compañero, ElKano, en Guetaria. Ganar un Mundial, con equipos de los cinco continentes, es otra forma de darle la vuelta al Mundo. O circunnavegarlo, como hizo Elcano, es la forma más hermosa de ganar un Mundial. España empezó su campeonato jugando contra Cabo Verde, las islas donde los portugueses estuvieron a punto de desbaratar la hazaña; y lo terminó ganándole la final a Argentina, el país donde empiezan a producirse las penalidades: la deserción de la nao San Antonio, que llegó a Sanlúcar en mayo de 1521; el naufragio de la nao Santiago cuando intentaba buscar un canal practicable; el intento de arrebatarle el mando a Magallanes, que se saldó con la ejecución de los oficiales Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada y el abandono a su suerte en una isla de Juan de Cartagena y el clérigo Pedro Sánchez de la Reina.

El buque-escuela 'Juan Sebastián Elcano', a su llegada el pasado jueves a Cádiz.
El buque-escuela 'Juan Sebastián Elcano', a su llegada el pasado jueves a Cádiz. / Jesús Marín

Una empresa de ese calibre requiere también de la convocatoria de candidatos, de la selección de los más idóneos. Salieron cinco naves y sólo regresó la Victoria; partieron 270 hombres y sólo regresaron 18 europeos y tres nativos, amén de los 13 que quedaron retenidos por los portugueses en Cabo Verde y liberados posteriormente por la mediación de Carlos I. Y hubo muchos cambios de seleccionadores. El primer mando lo iban a llevar Magallanes y Rui Faleiro, cosmógrafo y matemático, tan brillante como inestable. El rey Carlos I lo apartó del proyecto y en su lugar nombró a Juan de Cartagena, que se convertirá en la sombra de Magallanes. Éste confió en sus paisanos: pone al frente de la San Antonio a Álvaro de Mesquita, al que retiene la tripulación para desertar; Duarte Barbosa cuenta con su confianza pero es uno de los 27 que mueren en la encerrona de Cebú días después de que en una escaramuza con indígenas perdiera la vida el propio Magallanes el 27 de abril de 1521.

Juan Sebastián Elcano hace dos viajes a las Molucas. En el primero, sale de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 y es uno de los 18 supervivientes que regresan. El segundo contaba con el beneplácito de Carlos I, le encomendó a Elcano que recorriera los puertos del norte para buscar marineros, fue a Portugalete y La Coruña, donde el Rey crea la Casa de la Especiería. Una flota de siete barcos, al mando de García Jofre de Loaísa, manchego de Ciudad Real, salen del puerto de La Coruña el 24 de julio de 1525. Un Elcano sevillano y sanluqueño y un Elcano gallego con el mismo destino: las Molucas. Entre ambos viajes, el emperador Carlos V lo nombra miembro de la comisión que en abril y mayo de 1524 debatirá con negociadores portugueses en Badajoz y Elvas la legítima propiedad de las Molucas de acuerdo con el Tratado de Tordesillas de 1494.

Iglesia del Carmen en la barriada Juan Sebastián Elcano en Sevilla.
Iglesia del Carmen en la barriada Juan Sebastián Elcano en Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

Cuando parte la expedición comandada por Magallanes (y Cartagena en lugar de Faleiro), Elcano va de contramaestre de la Concepción, la tercera de la que se tuvieron que desprender: tras la deserción de la San Antonio y el naufragio de la Santiago, esta nao fue quemada en el puerto filipino de Panglao por falta de marinos para tripularla. Elcano se quedará solo al frente de la nao Victoria después de que la Trinidad, capitaneada por Gómez de Espinosa, tenga que volver para ser reparada. Esta embarcación regresará a España en 1527, un año después de la muerte de Elcano.

Después de informar por carta al monarca de la hazaña y de ver confirmados los parabienes, Carlos V le pidió que viajaran a Valladolid para responder a algunas preguntas. Lo hizo en compañía del piloto griego Francisco Albo y del barbero extremeño Hernando de Bustamante. Las autoridades quedaron satisfechas con las respuestas y pudieron volver. Elcano consiguió mediante cédula real del 13 de febrero de 1523 el indulto y el perdón por haber vendido un barco a extranjeros en tiempos de guerra para saldar una deuda. Hecho que había ocurrido antes de embarcarse en Sevilla y que de haberse sabido le hubiera impedido formar parte de la expedición, según señala en su biografía del marino el historiador Salvador Bernabéu.

El edificio Elcano, en Sevilla.
El edificio Elcano, en Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

Elcano fue uno de los cuatro marineros vascos supervivientes: con él, guipuzcoano de Guetaria, llegaron a Sevilla Juan de Acurio, de Bermeo, Juan de Arratia, de Bilbao, y Juan de Zubieta, de Baracaldo. Arribaron el 8 de septiembre de 1522. Cinco siglos después, moría la reina Isabel de Inglaterra y la gesta de Juan Sebastián Elcano no ocupaba ni un minuto en los telediarios. Los historiadores no se ponen de acuerdo medio milenio después sobre si la expedición fue un éxito por los objetivos o un fracaso por las pérdidas en vidas humanas y materiales. De los primeros, escribe Stefan Zweig en su biografía de Magallanes que “los palacios de Venecia y los de los Fugger y Welser se construyeron casi exclusivamente con dinero ganado en la especiería índica”. De los segundos, dice Carlos Martínez Shaw: “La familia (de Elcano) no pudo sobreponerse al impacto de las muertes y pérdidas económicas de 1526, extinguiéndose en apenas una generación”.

Se amotinó contra Magallanes y contra el escorbuto. De ambas batallas salió airoso. En Sevilla, la ciudad de la que salieron tantos y a la que volvieron tan pocos, un barrio entero lleva su nombre, construido para trabajadores de Astilleros, un edificio construido por el arquitecto José Galnares Sagastizábal, la calle que va desde el antiguo Puerto de las Mulas del que partieron las naves hasta la entrada de la Feria, y una estatua del navegante, obra de Antonio Cano Correa. Un buque-escuela de la Armada también lo luce. El año próximo cumplirá un siglo de singladuras por los mares que surcaron las naves que desde Magallanes a Elcano conocieron hasta nueve capitanes de la expedición que ganó el primer Mundial de España, el que certificaba la redondez del planeta como un balón gigante.

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