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El Grupo Ecologista Mediterráneo aboga por ayudar en la supervivencia de la uva de mesa tradicional

  • Reparto de 1.200 parras para preservar una biodiversidad que es memoria de la ‘biohistoria’ y del paisaje de la provincia

Una de las parras madre más antiguas de la provincia en la puerta de un molino del río Andarax en Terque, de la variedad Airén Una de las parras madre más antiguas de la provincia en la puerta de un molino del río Andarax en Terque, de la variedad Airén

Una de las parras madre más antiguas de la provincia en la puerta de un molino del río Andarax en Terque, de la variedad Airén

El próximo domingo Canjáyar se convertirá en el punto neurálgico de una nueva edición del reparto de variedades históricas de parras genuinamente almerienses. Será el 23 de febrero a partir de las 12:00 de la mañana en la emblemática ‘Plaza del Parralero”, donde cualquier persona que lo desee podrá hacerse con algunas de las veinte variedades diferentes que se entregarán.

Se trata de la escenificación anual de una actividad ya tradicional del Grupo Ecologista Mediterráneo que a través de su programa de ‘Biodiversidad Domesticada’ trabaja en el rescate de las más atávicas variedades de uva de mesa, aquellos que han alimentado a los almerienses durante siglos y mantenido viva la economía provincial en algunos de los momentos más difíciles de su historia.

En esta labor el GEM cuenta con la colaboración necesaria de la Diputación Provincial de Almería que, desde hace varios años, presta apoyo a este reparto, de la misma forma que lo hace Cajamar Caja Rural, concretado este año en más de 1.200 parras criadas en vivero y dispuestas para ser plantadas. Una actividad a la que el grupo ecologista concede una enorme importancia “porque se trata de que los almerienses asuman el protagonismo de proteger la biohistoria de la provincia”, afirma Antonio Rubio, responsable de este campaña.

Conservar estas variedades, algunas de las cuales han estado a un paso de la extinción, es una labor que según los ecologistas “tenemos que agradecerle especialmente a los agricultores, a esos miles de parraleros que han sabido mantener vivos ejemplares únicos, parras madre de las que extraemos los sarmientos y reproducirlas para que nos sigan beneficiando con su presencia”.

Y agradecimiento también a los miles de almerienses que a lo largo de los últimos doce años han acudido a este reparto y se han llevado a sus fincas, sus casas o sus jardines más de 15.000 parras. Ese compromiso ha servido para que muchos rincones de la provincia se conviertan en auténticos ‘bancos genéticos’ de las variedades más almerienses de uva de mesa.

Para Antonio Rubio no es sólo la conservación de esas parras y esas uvas, “es también la preservación de un paisaje que es, para muchos almerienses, la memoria del hombre y del territorio, porque si algo recuerdan los almerienses son los doseles de pámpanos que cubrían los tres grandes valles uveros de Almería, los del Andarax, el Nacimiento y el Almanzora”.

El GEM reproduce cada año una veintena de variedades (de las cerca de ochenta que se han recuperado ya de los viejos catálogos de uva de mesa almeriense), portadoras de una carga genética ‘pura’ que se han salvado de la extinción “gracias a un puñado de hombres y mujeres, a su trabajo y a su conocimiento, que han logrado la supervivencia de estos auténticos tesoros de la biodiversidad almeriense”.

Las variedades que han sido escogidas para el reparto de este año incluyen algunas de las más apreciadas durante siglos, como la uva de Cuerno, la Molinera, Imperial Roja, Albilla Real, Ohanes (uva del barco), Rosada de Rágol, de Corinto, Cuerno de Buey, Moscatel Moruna, Moscatel de Alejandría, Cojón de Gato o Colorá de Colgar.

Como afirma Antonio Rubio Casanova, se trata de parras que cuentan la historia de Almería y de sus personajes, como un ejemplar varias veces centenario que luce en la puerta del cortijo de Berja del que fuera presidente de la República, Nicolás Salmerón, o una parra considerada entre las más longevas de la provincia hallada en el paraje de La Habana, en Adra, que además está entre las de mayor dimensión de las conservadas en el territorio almeriense.

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