Finanzas
  • Y. H. B. es un agricultor ecológico marroquí que cultiva y vive en Doña María y aún no ha cobrado por la venta de 100.000 kilos de calabacín

  • Es un dinero que necesitan varias familias para salir adelante

Estafas e impagos: la otra realidad del campo almeriense

Y. H. B. se concentraban ayer a las puertas del almacén para presionar por su dinero, recibiendo posteriormente un pagaré con vencimiento el 16 de agosto. Y. H. B. se concentraban ayer a las puertas del almacén para presionar por su dinero, recibiendo posteriormente un pagaré con vencimiento el 16 de agosto.

Y. H. B. se concentraban ayer a las puertas del almacén para presionar por su dinero, recibiendo posteriormente un pagaré con vencimiento el 16 de agosto.

(Níjar)

Ya se sabe que en el campo almeriense no es oro todo lo que reluce. Día sí y día también los agricultores denuncian la precaria situación que viven con unos precios percibidos con los que cada vez tienen menos margen de beneficio y, en ocasiones ni eso, pues no da para sufragar ni el propio trabajo. Un drama al que cada año están expuestos ante los caprichos de una distribución que parece manejar los tiempos y los precios de manera aleatoria y que a día de hoy solo vale rezar para que en el momento del corte el contrato de turno o la pizarra quiera ser alcista.

Sin embargo, no son solo esas las penurias que sufre el agricultor de a pie. Lidian con muchos más problemas en este, un sector esencial, en el que son los propios productores, los indispensables, el eslabón más frágil de la cadena y el menos valorado.

El siguiente es un caso particular, pero bien vale para reflejar esa otra realidad, extendida, y que se caracteriza por la precariedad, la desazón, el miedo y la inseguridad. Y. H. B. es un agricultor de origen marroquí que llegaba en 2.001 a Almería buscando un futuro mejor. Algo que se puede decir que consiguió, pero por lo que tiene que luchar a diario. Hace dos años decidía emprender una nueva aventura y se trasladó junto a su mujer y sus tres hijos a las Tres Villas, en concreto a Doña María, donde ha podido colmar uno de sus grandes sueños: tener su propia finca en ecológico.

Ya lleva algo más de dos años gestionando su propia tierra, arrendada a un vecino de la zona, F. H., con quien tiene una gran complicidad y ha conseguido contribuir también al crecimiento agrícola de este municipio de interior en la comarca de Nacimiento, cada vez más despoblada, pero que en los últimos meses ve brotes verdes con emprendedores como Y. H. B.

El problema es cuando llega ese día. Ese en el que te das de bruces con la otra realidad del campo almeriense, la de la volatilidad y la inseguridad. Hace quince días Y. H. B. vendía sus 100.000 kilos de calabacines 100% eco, de gran calidad, a un empresario nijareño que, a su vez, tenía la partida vendida a un tercero, el que la pondrá en el gran mercado. La operación se ha realizado y probablemente ese producto ya esté en las mesas alemanas o francesas, pero ni Y. H. B ha cobrado los más de 30.000 euros que le deben y con los que tiene que pagar a una decena de trabajadores a su cargo; ni el empresario, M. B., tampoco ha visto ni un céntimo de la venta hecha a este último comprador.

“Me aseguraron que cobraría como tarde el día 30 de julio, y tengo que pagar a doce personas que han estado trabajando en la finca y necesitan el dinero para sobrevivir, al igual que el propietario de la finca que me la tiene alquilada”, lamenta Y. H. B; que ayer a mediodía se decidía a hacer huelga a las puertas de su pagador para presionar. Por su parte, M. B., quien al ser contactado por este periódico no dudo en contar su versión, confirmó que una empresa ejidense aún no le había pagado el dinero de la operación. Es más, “el día 30 de julio fui a cobrar un pagaré que me fue devuelto, y con el que yo ya tenía que haberle pagado al agricultor”.

En este momento viven en una situación límite, puesto que el agricultor ayer se apostaba a las puertas del almacén en Níjar para exigir el pago y el deudor, a su vez, buscaba en el Poniente Almeriense por activa y pasiva a quien realmente ha hecho el negocio y tiene a varias familias en la estacada, tanto en Níjar como en Nacimiento, incluyendo al propio arrendador de la finca de la que ha partido el cultivo, que aún no ha cobrado unos honorarios que necesita. Una historia que podría parecer rocambolesca pero no es más de lo que muchos pasan y que puede llegar a costar el cierre o la ruina en algunos casos.

La historia, o por lo menos el primer episodio, finalizaba ayer mismo horas después con un pagaré de M. B. al agricultor con vencimiento el día 16 de agosto. Margen que aceptó al ver cómo el propio empresario sufre en este momento de lo que parece que un tercer pretende que sea una estafa. Sea o no, solo se sabrá en los próximos días.

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