Crónicas analógicas

El Rey de panteón que se ponía de perfil

  • Juan Carlos I siempre miró a la izquierda en los sellos y monedas

Moneda de coleccionista del año 1995 Moneda de coleccionista del año 1995

Moneda de coleccionista del año 1995

Al contemplarlo por primera vez en una moneda de 50 pesetas, que era lo más parecido a un doblón traído por los galeones, comprobamos que era cierto el cambio que habíamos visto en la televisión en blanco y negro. Teníamos Rey, un tipo joven, “Borbón y Borbón” (el subrayado de los dos apellidos era maniobra de Adolfo Suárez cuando regía TVE), que desde su perfil numismático miraba a la izquierda. Su antecesor, por la Gracia de Dios, miraba a la derecha. Toda una declaración de principios desde lo más respetado; el parné.Juan Carlos I era un monarca formal que despedía firme el día con el himno nacional en la medianoche televisiva. Su perfil también aparecía en los sellos. Ylo han adivinado, siempre miraba a la izquierda, que para eso se convertía en el compañero inseparable de los carteros, cuando todo iba franqueado y los emails no aparecían ni en las películas de ciencia ficción.

Sello de 1977 Sello de 1977

Sello de 1977

Los documentos y el protocolo lo convertían en un señor serio, de panteón, museo y embajada, una institución andante a la que se le debía toda la consideración. Si había encargado el proceso de reforma que nos conduciría a una democracia europea más los que aventuraban su brevedad histórica se daban de bruces con una realidad que jugaba a favor de todos.

Ese rey de monedas y sellos, que se puso de frente cuando ya había que dar la cara por las 5.000 pesetas del Banco de España, escenificaba en la calle la proximidad a la que estaba obligado por su misión. “La Reina y yo”, abría texto en cada discurso por las regiones de un país que sólo estaba recortado por los libros de geografía. En las distancias cortas del apretón de manos y sonrisa sincera, don Juan Carlos se ganó el apodo de “campechano”, capaz de intimar con quien hiciera falta, vaya, y a través del anonimato, como la niña de la curva, protagonizaba legendarias anécdotas de auxilio en la carretera con su moto, como un piloto real de Easy Rider.

Todo parecía “easy”, pero realmente costó horrores que todos saliéramos adelante en aquellos años pioneros de apertura y concordia. Juan Carlos I era el Rey de las monedas y los sellos. Ahora que el dinero y los mensajes van por vía inalámbrica se nos olvida lo valioso que fue.

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