Jacobo Díaz | Oboísta "Me cuesta mucho trabajo salir satisfecho de un concierto"

  • El oboísta sevillano Jacobo Díaz inaugura un nuevo sello discográfico (Sonora) con un registro para el oboe de las doce Fantasías publicadas por Telemann para la flauta travesera

El oboísta de Pilas Jacobo Díaz Giráldez

El oboísta de Pilas Jacobo Díaz Giráldez / P. J. V.

Por su presencia habitual en los atriles de la Orquesta Bética y de la Orquesta Barroca de Sevilla, Jacobo Díaz Giráldez (Pilas, Sevilla, 1977), que además es profesor de oboe en el Conservatorio Profesional Francisco Guerrero de la capital, se ha convertido en una figura bien conocida por el aficionado sevillano. El músico recuerda ahora con agradecimiento sus años de formación, cuando su padre lo llevaba del pueblo a la capital dos o tres veces por semana para estudiar en el Conservatorio, y cita los nombres de aquellos que lo iniciaron en el arte y los misterios de la música: "Cómo no acordarme de José Barragán, que dirigía el coro de EGB donde yo empecé con la flauta de pico, de Vicente Micó, que dirigía la banda de Pilas y fue quien me animó con el oboe, de Carlos Baena, el catedrático de oboe que me formó técnicamente, de Julián Pérez, el profesor de solfeo que me dio buenísima base de lectura o de Fernando Pérez, recientemente fallecido, que fue director del Superior y nos hacía hincapié en solfeo contemporáneo. Sin todos ellos yo no sería lo que soy". A sus padres dedicó su primer disco (Simbelar), hecho con el oboe moderno y música contemporánea. Con el segundo se presenta también en solitario, ahora con el oboe barroco

–¿Por qué grabar con oboe las Fantasías de Telemann para flauta?

–Después de hacer Simbelar, pensé que estaría bien algo parecido, en solitario, pero con el oboe barroco. El problema era de repertorio, porque en la época no hay nada para oboe solo, aunque sabemos que los compositores escribían muchas veces para flauta, violín u oboe… Y ahí había ya margen, pero necesitaba que la música tuviera cierto carácter idiomático, y el registro de flauta no me venía mal, pues salvo una o dos notas sobreagudas, que son un poquito extremas para el oboe, el resto, con pequeñas adaptaciones, se puede tocar bien. También me animó la idea de grabarme yo mismo que me propuso Luis Orden, porque me interesa mucho la edición del sonido, y de hecho hemos creado un sello discográfico.

–¿Es este el primer disco con la marca Sonora?

–Sí, aunque el reciente que ha publicado Luis a través de su marca de flauta (Pearl) funcionó un poco como germen de lo que queremos hacer. Y me daba una ventaja a la hora de ponerme a grabar. Es muy difícil meterte con doce Fantasías en dedos para grabar en dos o tres días, así que lo fui haciendo poco a poco, y el disco se grabó el año pasado en medio ya de la pandemia.

Telemann. Fantasías - Jacobo Díaz Telemann. Fantasías - Jacobo Díaz

Telemann. Fantasías - Jacobo Díaz

–¿Existían grabaciones anteriores para oboe de estas Fantasías?

–Me suena haber visto alguna suelta, pero la colección completa con oboe, no. Con oboe moderno, sí, seguramente, pero con barroco, no. 

–¿Cuál es la principal dificultad de estas adaptaciones?

–El idioma de flauta tiene unas agilidades, unos saltos que en el oboe siempre son un poco más difíciles de hacer, pero encontrando la caña en la que pueden funcionar todos los registros pueden salvarse. Es verdad que te encuentras algunos pasajes un poco más agudos, que en el oboe es antinatural. Los pasajes más antinaturales los transporté una octava abajo y alguna nota concreta que no se suele utilizar mucho en el oboe barroco, pero también quise mantener notas sobreagudas con la idea de que en la música contemporánea muchos compositores buscan esos límites. Me pareció interesante hacer estos pequeños detalles al límite.

–Telemann muestra en estas obras una variedad extraordinaria...

–Telemann viajó muchísimo y se empapó de muchos estilos y parece que la intención suya era hacer aquí un catálogo de todos los estilos de la época. Lo más llamativo, lo que más me gusta de estas fantasías, aparte del carácter improvisatorio de algunos movimientos, son las partes de estilo fugado.

–Fugas para un instrumento monódico...

–Cuando yo estudiaba oboe moderno me sorprendió encontrarme una obra de Dorati que incluye una fuga a tres voces, y luego te encuentras compositores, como Telemann, que ya lo hicieron muchísimos años antes. Y me parece interesante cómo con un solo instrumento se pueden sacar esos temas que se contestan unos a otros a la vez que va construyendo un contrasujeto o un contratema. Es como intentar hablar uno mismo haciendo dos personajes. Es un poco la idiosincrasia de la fantasía porque todo este mundo proviene de los ricercares, que se construían con imitaciones.

Georg Philipp Telemann. Georg Philipp Telemann.

Georg Philipp Telemann. / D. S.

–Las Fantasías se dividen en dos partes. La segunda tiene casi el carácter de una suite de danzas porque se abre con una gran obertura a la francesa seguida de piezas escritas sobre ritmos danzables...

–Así es. Más allá del valor individual de las piezas la colección tiene una macroestructura, porque además cada una está en una tonalidad diferente… 

–¿La ordenación tonal también tiene una intención estructural?

–Creo que sí, se ve mucha relación. Hay un orden ascendente: la, si, do, re, mi, fa, sol. Aunque luego la última, la de sol menor no es exactamente una séptima arriba sino un tono por debajo. Son especulaciones, no sé muy bien qué idea tendría Telemann con las tonalidades, aunque sin duda trata de explorar todas las tonalidades posibles para la flauta, porque las antinaturales las evita.

–Hay muchas notas que tocar, ¿exigieron mucho estudio?

–La idea era encontrar una velocidad en la que el oboe pudiera responder bien. Quizá los flautistas pueden hacer ciertas cosas más rápido por la embocadura… Como tampoco hay una indicación metronómica concreta, uno va adaptando la velocidad a lo que tiene en mano y así pude ir solventando toda la obra. Es la primera vez que me metía a hacer las doce. Normalmente en el conservatorio enseñas algunas, las primeras, pocas. Pero cuando decidí hacer las doce sí que me encontré algún hueso duro de roer pero con un poquito de estudio se solventó. No sé si alguna vez se podrán hacer en directo todas.

–¿Se plantea esa posibilidad?

–Me han ofrecido la posibilidad de presentarlo en el Espacio Turina. Estamos viendo todavía qué fecha sería ideal, no sé si en el Otoño Barroco tendrá cabida. Quizá lo suyo sería hacer una selección de piezas con algún comentario en medio o no sé, todavía está por ver, pero tocar las doce sí que puede ser un poco duro.

–Para el intérprete y para el oyente también. ¿Ha hecho alguna vez un concierto para oboe solo?

–Con el oboe barroco, no. Con el moderno sí, pero siempre mezclado con alguna otra disciplina, por ejemplo, alguna actriz o algo de expresión corporal, proyección de imágenes... Quizá se podría hacer algo así también con las fantasías. La verdad es que al escucharlas ahora ya grabadas me voy familiarizando tanto con ellas que casi me siento capaz de tocarlas de memoria, pero sí, sería una tarea fuerte.

–¿Por qué llegado cierto punto de su carrera decidió especializarse en oboe barroco?

–Yo veía grabaciones como las de un famoso vídeo con el Oratorio de Navidad de Harnoncourt, tan precioso, y veía esos oboes, y yo quería tocar eso. Aunque la verdad es que luego fue un poco casual. Me apunté a un curso de instrumentos históricos organizado por La Caixa en el que se permitía ir con instrumentos modernos. Me tocó Alfredo Bernardini y allí que me fui con una Sonata de Vivaldi, creo recordar. Después de la clase con Vivaldi hicimos una clase de construcción de cañas para oboe barroco. Me construí la mía y él no sólo me dio a probar su instrumento con mi caña, sino que me lo dejó para que me lo llevara al hotel y preparara una clase para el día siguiente. Sinceramente, no sé qué habría pasado si él no hubiera hecho eso, si no me da esa oportunidad de probar inmediatamente con un oboe barroco. A lo mejor habría sido sólo un curso más, y lo habría intentado con el tiempo, pero no de forma tan inmediata.

Jacobo Díaz junto a Cristina Gutiérrez y Antonio Barragán en sus inicios como oboísta barroco. Jacobo Díaz junto a Cristina Gutiérrez y Antonio Barragán en sus inicios como oboísta barroco.

Jacobo Díaz junto a Cristina Gutiérrez y Antonio Barragán en sus inicios como oboísta barroco. / D. S.

–Tímbricamente el oboe barroco es muy diferente del moderno.

–Depende. Quizá si escuchas grabaciones de principios o mediados del siglo XX escucharás un tipo de sonido de oboe moderno muy diferente al que hoy día se puede escuchar por ahí. La caña influye mucho en esto, depende del tipo de caña que pongas un mismo instrumento puede sonar muy diferente, hay cañas que pueden dar sonidos muy similares al de oboe barroco. Aparte del timbre que te da la caña también está la diferencia en la construcción, en la afinación del instrumento barroco, que es medio tono más bajo o los oboes franceses, que son un tono completo más bajo. No sé si al tocar de forma habitual los dos instrumentos yo he ido pasando características de uno al otro. Además yo no busco un único timbre, puedo tener cañas en las que el timbre sea un poquito diferente.

–Lo de preparar las cañas es diario, ¿no?

–Bueno, con el tiempo tienes un remanente… Las de oboe moderno las compro, porque hay fabricantes que las hacen muy bien, aunque yo también hago a veces las mías, pero las de barroco intento fabricarlas yo siempre, porque es difícil encontrar hechas las que te vayan bien.

–¿Pensó que iba a tener una salida profesional con el oboe barroco como la que ha tenido?

–Al principio pensé que esto se quedaría en una afición. Para mí era un sueño aunque fuese barrer en los ensayos de la OBS, pero un día me llegó una propuesta para hacer con ellos el Doble concierto para oboe y violín de Bach, y pensé "están locos". De todos modos, la obra la había tocado con el moderno y simplemente era adaptarme un poco, buscar la caña perfecta… Fueron unos meses de prepararme exhaustivamente. La OBS me ha abierto muchas puertas. Si no hubiera sido por ella…

–¿Salió satisfecho de aquel primer concierto?

–A mí me cuesta mucho trabajo salir satisfecho de un concierto, porque me gustan los conciertos que suenen casi a disco. De hecho, yo en la enseñanza del conservatorio apuesto mucho para que los alumnos disfruten de lo que hacen gracias a la perfección, gracias a perfeccionar esa técnica y que cuando ellos escuchan lo que tocan sientan que les gusta, y para eso tiene que sonar muy bonito… Ese concierto de Bach se puede tocar en dos tonalidades y escogieron la que tiene más bemoles, así que reconozco que me sentí un poco superado por la situación, aunque el violinista era Andoni Mercero, y eso fue una ventaja. 

–A la orquesta no le debió de parecer mal porque siguieron contando con sus colaboraciones.

–Sí, por suerte, pero a mí me cuesta mucho irme de un concierto con sensación perfecta, es mi carácter.

Jacobo Díaz con Solistas de Sevilla (en el centro, entre el clarinete y la trompa). Jacobo Díaz con Solistas de Sevilla (en el centro, entre el clarinete y la trompa).

Jacobo Díaz con Solistas de Sevilla (en el centro, entre el clarinete y la trompa). / CienxCien

–¿Se dedica ya más al oboe barroco que al moderno?

–Sí. Mi labor con el moderno está más en el conservatorio y en la Orquesta Bética. Luego, algún que otro proyecto de cámara, pero muy puntual. Yo me acuerdo en los inicios cuando tocaba con Solistas de Sevilla que era un continuo. Ese tipo de proyectos ahora mismo no los tengo, lo más parecido es un trío que tengo con piano y trompa, explotando un poco esos instrumentos del romanticismo, pero no es la misma actividad que tengo con el barroco. Porque aparte de los proyectos en Sevilla, que es un sueño tener en Sevilla toda esta vida de música antigua, me están llamando para proyectos en el resto de España, alguna orquesta en Portugal… Entonces sí es verdad que parece que mi actividad va más por ahí.

–¿En qué repertorio se siente más cómodo?

–Con el oboe moderno, porque ha sido mi base. Hay proyectos en los que la música está muy bien escrita para el barroco y voy con mucha confianza, y otros en los que es un poquito más antinatural, con tonalidades muy raras para el oboe. Con el moderno, el repertorio romántico me gusta mucho, pero mi vida musical se está abriendo mucho por el barroco y por el clasicismo, que ahora estamos iniciando un proyecto con un grupo en Madrid, Exordium Musicae, que lleva el violinista David Santacecilia... Hace poco hemos grabado un vídeo promocional para el cuarteto de Mozart y la verdad es que es un repertorio que no he hecho mucho de solista con oboe clásico y me ha sorprendido mucho las posibilidades sonoras que tiene, es un instrumento muy divertido. 

–¿Es un instrumento de transición, tiene más llaves?

–No, tiene las mismas del barroco. En la época empezaron a añadirse llaves, pero hasta Rossini los músicos preferían tocar con el instrumento de dos llaves, porque el de más llaves daba muchos problemas. La diferencia fundamental está dentro, en el taladro, que era más estrecho, otro tipo de construcción. Es un instrumento muy divertido para tocar de solista, porque yo lo he utilizado mucho en la orquesta como tutti y es otro concepto. 

Jacobo Díaz Giráldez. Jacobo Díaz Giráldez.

Jacobo Díaz Giráldez. / P. J. V.

–¿Cómo funcionó su primer disco?

–No tenía grandes pretensiones con ese disco. Me lo planteé más como un catálogo de obras de consulta, que alguien pudiera escuchar en un momento dado; muchas de ellas eran piezas dedicadas, que no quise dejar fuera, así que era un disco bastante largo. Quizá el de Telemann sea más agradable de escuchar de principio a fin. De cualquier modo, tenía muchas ganas de plasmar un trabajo con un instrumento al que había dedicado prácticamente media vida, para mostrar lo que hago, y es también lo que he hecho ahora con el barroco, tenerlo como una especie de carta de presentación. Los dos discos tienen el mismo sentido. Para los próximos buscaré seguramente algo con piano, algo con clave… Ese es mi próximo objetivo. Con Luis Orden he hablado ya de cinco o seis discos, pero los más fáciles de organizar serían algo con clave y algo con piano, porque no me gusta dejar fuera ninguno de los dos instrumentos. Tampoco me gusta mezclar mucho. Trato de centrarme en el instrumento para el que tengo proyectos inmediatos. A veces sí que es verdad que no hay más remedio que mezclar o hay muchas actividades que son de mostrar instrumentos, la evolución del instrumento y entonces acabas tocando uno, otro, otro… y es un poco complejo. Pero sí que me gusta intentar centrarme en cada proyecto y el próximo espero que sea o con piano o con clave.

–¿Cómo piensan distribuir los discos de Sonora?

–Yo soy un desastre para eso. Estoy en conversación con alguna distribuidora, pero realmente lo que me interesa es la parte digital. La misma fábrica me puso el CD en todas las plataformas digitales. Eso es lo que más me interesa de la distribución. En cuanto a los discos físicos, hice 500 ejemplares, que no son muchos pensando en años. Ahí están los cuatrocientos y pico que me quedan para ir distribuyendo poco a poco. Sí que es verdad que alguna distribuidora que pudiera tenerlo en tiendas especializadas sería interesante, sobre todo por el libreto, con unas notas estupendas que ha escrito Miguel Ángel Ríos, un musicólogo con pasado de oboísta.

–¿Cómo le está yendo con la pandemia?

–Siempre que se habla de esto pienso mucho en la gente que tiene dedicación exclusiva a los conciertos y me da mucha pena. Yo tengo la suerte de tener mi empleo como profesor. Lo cierto es que cuando nos pilló todo esto estaba en Madrid con la OBS preparando aquella ópera de Corselli para el Real, y entonces todo apuntaba a que esto se iba al garete, y bueno, al final, con el tiempo se han intentado salvar cosas, se han reagendado cosas… Me alegro por esos proyectos que salieron adelante. No sé cómo seguirá todo, espero que ahora con la vacuna todo avance.

–¿Lo han vacunado ya?

–La primera dosis con AstraZeneca.

–¿Ha tenido secuelas?

–Un par de días con décimas de fiebre, pero no fue duro. El primer día ya por la noche empecé a notar algo y al siguiente tenía una muestra de instrumentos en Lucena, así tipo concierto-charla, y estaba que no sabía si podría hacerlo, pero al final con un poco de paracetamol todo fue bien.

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