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Obama acaricia una diluida victoria en su reforma sanitaria

  • El proyecto logró en el Senado el sí mínimo para continuar su proceso, pero muchos advierten del coste de su aprobación y de las concesiones que han debido hacerse.

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La reforma del sistema de salud de Estados Unidos, el plan estrella del presidente Barack Obama, logró la madrugada del lunes superar un gigantesco obstáculo al conseguir, en una ajustadísima votación en el Senado, el sí mínimo para continuar su proceso de aprobación. Pero no son pocos los analistas que advierten de que el costo de su aprobación, las enormes concesiones que han debido hacerse, hacen que la tan ansiada victoria del mandatario haya quedado, cuanto menos, diluida.

La votación en el Senado estadounidense tuvo un aire casi conspirativo. En un Washington paralizado por una de las peores tormentas de nieve de los últimos años, los senadores fueron llamados a acudir al Capitolio fuera como fuese para asegurar los 60 votos mínimos -conseguidos tras arduas negociaciones hasta el último minuto con los demócratas más conservadores- necesarios para que la reforma superara su primer gran reto.

Las esperanzas de los republicanos, que votaron unánimemente en contra de la reforma, de que alguno de los demócratas no lograra llegar a tiempo al edificio del Congreso se vieron frustradas y finalmente, pasada la 01:00, la victoria estaba en manos de los demócratas de Obama. Una muestra de la importancia de la votación, apuntan hoy los medios, es que ésta tuvo lugar con los senadores sentados en sus mesas y no parados en los pasillos o en grupos, “una rara práctica implementada sólo para votaciones históricas", destaca la prensa.

Es más, desde la galería asistía a la sesión Victoria Kennedy, la viuda del senador Ted Kennedy, uno de los mayores defensores de la reforma del sistema de salud y que falleció este verano (boreal) sin haber visto realizado su sueño. "Esta es una victoria enorme", proclamó Victoria Kennedy. Pero... ¿lo es realmente? Más o menos, coinciden numerosos analistas.

Si bien la propuesta reforma de la salud -que aún debe pasar dos votaciones más probablemente esta semana, así como su conciliación con la propia propuesta del Congreso- permite ampliar la cobertura médica a unos 30 millones de estadounidenses actualmente no asegurados, en el arduo camino de las negociaciones ha dejado de lado algunos de los puntos clave de su objetivo.

Entre ellos, la opción pública por la que el Gobierno apostaba como una manera de presionar a las aseguradoras privadas para hacer sus ofertas más asequibles, por no hablar de la cobertura de los 12 millones de indocumentados que ni siquiera figuraban ya en las últimas versiones negociadas.

La dureza de las negociaciones y la necesidad de rascar hasta el último voto positivo de los demócratas, divididos en un amplio espectro desde la izquierda a los blue dogs, los más conservadores de la bancada, hizo que la propuesta también contenga una controvertida enmienda que restringe fuertemente la financiación federal del aborto, salvo en casos muy determinados.

"La búsqueda de Obama de una legislación sobre la salud histórica se ha convertido en una parodia de su liderazgo", condena el diario The Washington Post en una de sus columnas de opinión, en la que subraya que "el producto final está lejos de las extravagantes promesas" del mandatario durante su campaña. Algo que, recuerda el rotativo, no sólo le ha costado ya un significativo descenso de popularidad, sino que "podría dañar su legado" como presidente.

También desde The New York Times el premio Nobel de Economía Paul Krugman advierte de la "peligrosa disfunción" que evidencia la ajustada votación por lo "polarizado" que se mostró el Senado, donde los republicanos votaron en bloque contra la propuesta. "Consideremos lo que queda por delante. Necesitamos una reforma financiera básica. Tenemos que lidiar con el cambio climático. Tenemos que afrontar nuestro fuerte déficit financiero. ¿Cuáles son las posibilidades de que podamos hacer todo esto o, siquiera algo de ello, si se requiere para ello 60 votos de un Senado profundamente polarizado?", se pregunta Krugman.

Muestra de la polarización de las opiniones son también las declaraciones del ex presidente del partido Demócrata Howard Dean, quien unas horas antes de la votación sostuvo que la reforma, pese a su aprobación en el Senado, necesitará aún mucho trabajo. "Esta no puede ser la versión final de la ley (...) vamos a tener muchas luchas políticas más", auguró en la cadena NBC.

Desde el mismo medio, el consejero de Obama, David Axelrod, defendía pese a todo lo "histórico" de la votación. "Hemos hablado de ello durante un siglo. Estamos a las puertas de lograrlo y será una gran victoria para los estadounidenses", sostuvo, sin entrar sin embargo en el coste político que podrá tener para los futuros planes de la Casa Blanca.

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