Cultura

Breve (y denso) paseo por la memoria

  • Jesús Alcaide reflexiona sobre la función del comisario artístico en una exposición que dedica a su amigo Manel Clot, fallecido el pasado abril Alarcón Criado acoge la muestra hasta el día 29

La muestra es una reflexión, ni abstracta ni fría, sobre la memoria. La propuesta de Jesús Alcaide brota del recuerdo de un amigo y compañero, Manel Clot, pionero de eso que llamamos comisariado independiente, fallecido el pasado abril, cuando sólo contaba 59 años.

En los tiempos que corren menudean las críticas a la función del comisario independiente. El término no es afortunado, por los ecos que encierra de autoritarismo, pero más ingrato aún es el de curador, simple transcripción de la palabra inglesa. Más allá de cuestiones semánticas, lo cierto es que el comisario intenta construir un panorama artístico, en torno a un autor o a una cuestión debatida. Por eso su contribución al arte suele ser esclarecedora y también, con frecuencia, arriesgada. Su independencia además permite que la propuesta se plantee fuera de los centros de la institución arte: pretende evitar las presiones de coleccionistas y museos, las del mercado, las del artista y también las que surgen de la imagen convencional de este último. Manel Clot cumplió con estas exigencias y Alcaide recuerda ahora su trabajo.

Parte para ello de la evocación de ese gran poema visual a la memoria que Chris Marker dejó en los 28 minutos de La Jetée, donde viene a decir que sólo la muerte hace vivir plenamente el recuerdo. Alcaide recoge las fotografías que François Bucher (Cali, 1972) y Lina López (Bogotá, 1977) hicieron a Helène Chatelain, la mujer de La Jetée. Las fotos muestran a la actriz ya anciana recogiéndose el pelo con el mismo gesto con que lo hace en el filme de Marker durante la visita al enigmático museo de historia natural.

Alcaide, en un breve escrito, rememora un fragmento del texto que escribió Manel Clot para la exposición de Dora García en el Círculo de Bellas Artes, el año 2002: "¿Recuerdas cómo empieza La Jetée de Chris Marker? La voz en off que habla a lo largo de toda la historia dice: Ésta es la historia de un hombre marcado por un recuerdo de infancia". Tal vez estos recuerdos que se estimulan unos a otros y que parecen formar una larga cadena han hecho que Alcaide coloque frente a la fotografía de Bucher-López unos sutiles trabajos de Javier Peñafiel (Zaragoza, 1964): dibujos y breves textos, papeles que el artista literalmente saborea y come, signo de lo que puede llegar a ser un compañero del que se aprende y con el que se pueden compartir opiniones porque se han debatido, aun con acritud.

A los dibujos Peñafiel añade un traje de niño, uno de los símbolos del egolactante, un doble creado por el autor, al estilo de los que pensaron los románticos, para sugerir que aceptando la marca que en nosotros dejó la infancia (como le ocurre al protagonista del filme de Marker) entenderemos con mayor claridad eso que se llama vivir. En unos pocos metros, pues, se cruzan con intensidad significados, apuntando al silencioso vigor con que la memoria teje la vida.

Un segundo grupo de obras, esculturas en barro de los Hermanos Rosado Garcés (San Fernando, Cádiz, 1971) hablan igualmente del recuerdo. Fragmentos del cuerpo, miembros en aparente desorden hacen pensar en esa capacidad de la memoria involuntaria para aislar aspectos de una antigua experiencia o enfatizar conexiones corporales que poco tienen que ver con la anatomía.

Más sutiles pueden ser son las dos fotografías de José Guerrero (Granada, 1979). En ellas aparece el mismo recinto, una casa desmontable, pero en fechas separadas por el tiempo. El pavimento, madera sobre arena, está en trance de instalación o quizá de despiece para almacenarlo hasta la próxima vez que se necesite. No hay pistas que indiquen el momento preciso. Las fotos sólo sugieren dos puntos de la circunferencia que una y otra vez recorren las piezas de la casa.

Dos trabajos hablan del pasado y el futuro como inabordables. Ira Lombardía fija en cajas de madera cubiertas con cristal, esto es, en marcos como los que rodean una imagen, tarjetas de memoria de cámaras fotográficas. A ese pasado, preservado pero inalcanzable, se añade la obra de Adam Basanta (Tel Aviv, 1985). Músico e investigador del sonido, coloca tres viejos reproductores de cassettes en bucle que repiten una misma frase del experto en administración Peter F. Drucker: "La única certeza que podemos tener del futuro es que será diferente". A esta doble congelación del tiempo parecen oponerse finalmente una película y una fotografía de François Bucher que evoca la figura (y la leyenda) de Jacobo Greenberg, signo de la posibilidad de invertir el tiempo y desaparecer en el pasado. Las obras, aparentemente heterogéneas, apuntan sin embargo en una dirección: no renunciar a lo que fuimos, parecen decir, ayuda a rastrear la sabiduría.

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