Juan Carlos Rodríguez

"Falla trata el folclore con extraordinaria elegancia"

  • El pianista gaditano residente en Granada Juan Carlos Rodríguez ha grabado para el sello suizo Paladino Music una integral de la música que Manuel de Falla dedicó a su instrumento.

Manuel de Falla nació en Cádiz en 1876 y allí pasó los primeros 21 años de su vida. Pero fue principalmente en Madrid desde 1897 y sobre todo en París entre 1907 y 1914 donde se hizo músico ("En lo que hace a mi oficio mi patria es París"). Vuelto a la capital española con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el compositor, amante de la vida tranquila, acabó retirándose a Granada en 1920, y en la ciudad de la Alhambra mantendría su residencia hasta 1939, cuando parte hacia Argentina, donde fallecería siete años después. El pianista Juan Carlos Rodríguez también nació en Cádiz, también se marchó de su ciudad natal para ampliar su formación musical y ha acabado fijando su residencia en Granada.

-Parecía inevitable el encuentro con la música de Falla. ¿Cuál es su relación con ella?

-Siempre ha estado ahí, aunque debo decir que su figura nunca fue un condicionante a la hora de construir mi repertorio ni me tomé su obra como una obligación. En cualquier caso fue un referente desde muy pequeño, cuando en el conservatorio preparé ya las Cuatro piezas españolas.

-¿Y cuándo nace la idea de este disco?

-Hace unos tres años, pero para mí siempre fue un sueño grabar toda su obra, que, aparte las Cuatro piezas españolas o la Fantasía baetica, no se conoce demasiado. Cuando profundicé en las piezas menos célebres, incluso el Allegro de concierto, que se toca tan poco, empecé a descubrir detalles que me cautivaron por completo. Falla no era sólo el folclore. Falla bebe de fuentes muy dispares, de Chopin a Debussy, e incluso Mussorgski. Es un complejo de estilos, pero los trama de forma muy original. En su obra se conjugan elementos folclóricos, de la música clásica, del romanticismo, del impresionismo, pero todo eso lo hace con mucho arte, como dirían en mi tierra, a todo le aporta su sello personal.

-La música de Falla suele dividirse en dos grandes etapas: una nacionalista y otra neoclásica, mucho más esencialista, que arrancaría hacía 1920. ¿Se aprecia eso con facilidad en su producción pianística?

-Diría que sí. Además ordené el material del disco cronológicamente para que el aficionado pudiera apreciar con más comodidad la evolución del estilo. Pero lo interesante es que en toda la obra se reconoce de un modo u otro la figura del músico. Cogemos por ejemplo el Nocturno, que es de 1896, y es una obra muy romántica, casi chopiniana, pero Falla se las arregla para meter giros melódicos que lo identifican. Quizás la obra crucial en el primer desarrollo de su música pianística sea el Allegro de concierto (1903-04), primer momento de su auténtica madurez.

-Y en esa evolución, ¿qué papel juega la Fantasía baetica (1919)?

-No hay una fantasía como ésta en toda la literatura pianística. Lo que hace Falla con esta obra es increíble: una melodía extraordinariamente desarrollada, una polifonía riquísima, acordes que son plenamente orgánicos y atmosféricos, en algún caso típicos del impresionismo.

-Es además una obra de gran virtuosismo.

-En efecto, pero más allá de eso, lo más complejo de la obra es presentarla de forma que sea entendible por el oyente. Porque es muy difícil técnicamente para el instrumentista, pero además es una obra compleja, áspera si quiere, para el oyente. El aficionado puede sentirse abrumado ante la acumulación de elementos: el taconeo del bailaor gitano, el cante jondo, una nana que suena a modo de intermezzo, luego volvemos al ritmo agitado, luego otra vez al cante, el rasgueo de la guitarra, con esos acordes tan poderosos, y todo ello condesado en 14 minutos de música. Hacer todo eso comprensible es el principal secreto a la hora de interpretar la obra. Tienes que afrontar el fraseo con naturalidad, darle continuidad al ritmo, porque hay muchos parones, muchas respiraciones. Debe presentarse con una continuidad interpretativa, si no, es muy difícil de aprehender. Fue un reto para mí y aprendí muchísimo trabajándola.

-¿Cómo definiría el trabajo de Falla sobre el folclore?

-Lo trata con extraordinaria elegancia. La Aragonesa de las Cuatro piezas españolas es la jota más elegante que he escuchado nunca. En la orquesta Falla puede ser más visceral, pero no creo que esté muy alejado el tratamiento del folclore que hace con el piano. De hecho hizo transcripciones pianísticas de algunas de sus más conocidas obra nacionalistas y volcó en el piano admirablemente la potencia y los colores de la orquesta. Falla sabía cómo trazar las líneas para que el piano se convirtiera en un instrumento orquestal, un poco a la manera de Brahms. De todos modos, la elegancia no la pierde nunca. Incluso en la Fantasía baetica hay un momento desgarrador, pero que no deja nunca de ser elegante. Falla no pierde nunca el norte. No se vuelve loco en la manera en que visualiza a un gitano cantando, a un bailaor zapateando o a un guitarrista tocando una bulería. Es elegante siempre. Y esto se agradece, porque a veces el folclore andaluz se ha adaptado desde una perspectiva algo descontrolada, por decirlo de forma suave. Falla jamás pierde el control.

-La obra de Falla ha sido grabada muchas veces. ¿Reconoce influencias en su visión de esta música?

-Me encanta la Fantasía baetica de Rafael Orozco (como su Iberia) y hay otras grandes versiones de esta música. Pero he procurado aportar mi visión. Cuando abordo una pieza procuro no escuchar nada, absolutamente nada. Intento dar mi versión personal siendo fiel al concepto del compositor. Creo que mis Piezas españolas o mi Allegro de concierto suenan distintos a los de Larrocha, Esteban Sánchez o cualquier otro intérprete. Estoy muy satisfecho, porque creo que este disco tiene mi sello.

-Ya que me habla de sello, ¿por qué aparece en uno austriaco?

-En principio había contactado conmigo otro sello (también austriaco), pero el proyecto no acabó de concretarse. Paladino Music se interesó entonces por él y le encantó. Falla se programa en todas partes, orquestas y festivales del mundo. Que un sello de autor como éste, muy selecto, lo incluya en su catálogo, viene a significar que Falla está más vivo que nunca. Su universalidad no se discute: grabar su obra es tan importante como hacerlo con la de Schumann, Bach o Brahms.

-¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

-He presentado el disco en Madrid, en Barcelona y en el Instituto Cervantes de Viena. Tengo conciertos ahora en Suiza, Austria, Alemania, Londres. Y para principios de año, grabaré en Naxos un nuevo disco con Sonatas de Clementi. Estoy gestionando también una segunda gira por Japón para la próxima temporada. Estuve el año pasado dando conferencias, conciertos y clases magistrales, y fue una experiencia increíble.

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