Cultura

"A veces estás en tu tierra y te sientes extranjero"

Llega de Argentina a Madrid. Baja a Sevilla. Descansa. Comparece en rueda de prensa. Concede entrevistas. Rueda y… vuelve a marcharse. Así es la vida del granadino Rafael Amargo que, sin parar de una a otra parte del mundo, confiesa sentirse orgulloso del cariz internacional que ha tomado su carrera. Ahora, a las órdenes del director Julián Lara -y bajo la producción de Marujas Entertainment-, se ha metido en la piel de una especie de Van Helsing, protagonista del cortometraje en el que, este fin de semana, se encuentra inmerso. Sin embargo, el terreno de lo paranormal no es el que más asusta a quien es uno de nuestros personajes más controvertidos…

-¿A qué le tiene miedo Rafael Amargo?

-A muchísimas cosas...

-¿Por ejemplo?

-A las injusticias. Bueno, más me dan coraje que temor. Dependen del ser humano y no puedes controlarlas. Igual que las guerras, el hambre o la avaricia. Por lo demás, no suelo sufrir pesadillas relacionadas con asuntos paranormales.

-¿Su monstruo favorito?

-¡El de las galletas! (risas). Es una broma pero, por poner un poquito de humor… ¡Que se note que estamos en el Sur de España, chiquillo! (risas).

-Pues no suele prodigarse por aquí con frecuencia, ¿eh? ¿Alguna tirantez con nuestro país?

-No lo sé. No me lo planteo. Lo que me está sucediendo será por algo bueno. Son etapas y, a los hechos me remito. Cuando tenga que ocurrir lo que sea, ocurrirá. De todos modos, mejor seguir trabajando fuera que no trabajar, ¿no? A veces estás en tu tierra, en tu pueblo y te sientes extranjero. A mí, por lo menos, me pasa.

-¿Cómo hace para soportar el ritmo que lleva?

-Hijo, asumiéndolo con cautela y tomándomelo lo mejor que puedo. También reconozco que tengo un equipo estupendo que me lleva como en bandeja. Siempre me acompaña mi familia, es decir, mis padres, mi mujer y dos primos.

-¿Y a sus hijos? ¿Cuándo los ve?

-Yendo y viniendo… y en el camino me voy entreteniendo (risas). Ellos son los que me atan a España. ¡Y qué mejor atadura que ésa! Tengo esta obligación y, como me considero buen padre, me encanta cumplirla.

-¿No se le nota a ninguno intención de continuar sus pasos?

- Aún son muy pequeñitos. Uno tiene cuatro años y el otro uno. Es pronto para saberlo pero, por mi parte, voy a dejarles que hagan lo que quieran. Igual que actuó mi papá conmigo. Él nunca me ha prohibido nada.

-En los últimos tiempos, aparece más en la gran pantalla… ¿Está reconduciendo su carrera hacia el Séptimo Arte? (Ha participado en títulos como Tirante el Blanco o, recientemente en Antena 3, ha recreado la figura de Antonio, el bailarín, en Marisol)

-Digamos que sí. En la danza, a los 44 ó 45 años, debes dejar de bailar. El cine puede ser la ruta por la que discurra más adelante. Fíjate que vengo de Argentina y tengo allí pendientes dos estrenos, una comedia romántica y un drama social. Son guiones que no he podido rechazar. De hecho, ha sido éste un ciclo bastante cinematográfico…

-¿De qué forma se prepara Rafael Amargo sus papeles? ¿Es concienzudo en ese sentido?

-Sí. Construyo los personajes y me dejo llevar. Soy obediente y respeto a los directores, con lo que creo que no es complicado mandarme.

-Hábleme de algo que no sea su profesión, ¿no? ¿O toda su vida gira alrededor de ella?

-Desde hace ocho o nueve meses sólo hago trabajar, trabajar y trabajar. Por suerte o por desgracia, es lo que me toca.

-¿No hay ninguna afición de la que le gustaría disfrutar un poco más?

-¡Claro! De viajar por placer, por ejemplo. Lo que pasa es que, cuando no hay ningún proyecto, me aislo en mi casa de Marrakech y me dedico a no hacer nada.

-Al final, siendo de Granada, es lógico que le tire lo árabe… ¿Echa de menos su juventud allí?

-No. No me gusta anclarme en el pasado. Prefiero lo que me tenga deparado el futuro. Salí de allí hace 18 años y tengo recuerdos maravilloses. Sin embargo, ¡imagínate si no habré cambiado desde entonces!

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