“Vetusta en verano es una Andalucía en primavera”
Hoy se cumplen 125 años de la muerte de Clarín. Crítico literario y jurista, en 1884 publica ‘La Regenta’, una novela que empieza con la siesta y acaba en pesadilla.
Marilyn Monroe será la Regenta
El siglo XX fue letal para el realismo español. Si el XIX finaliza con la pérdida de las colonias, su heredero vendrá marcado por las muertes de Clarín (1901), Valera (1905) y Pereda (1906). Hoy se cumplen 125 años de la muerte de Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901). Lo sorprendente es que en ocho años habrán pasado 150 años de la aparición de La Regenta, una novela que siglo y medio después conserva una frescura y un descaro impresionantes.
El éxito de La Regenta eclipsaría las otras facetas de Clarín: crítico literario y brillante jurista, primero como doctor en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Oviedo, después catedrático de Economía Política y Estadística en la de Zaragoza, lugar de procedencia de don Victor Quintanar, Regente de la Audiencia de Oviedo, personaje al que Ana Ozores debe el nombre de la Regenta. “Hasta el modo de llamarla era tonto”, piensa en voz alta Álvaro Mesía, presidente del Casino, su pretendiente. “¡La Regenta! ¿Por qué? ¿No había otra? Su marido había dejado la carrera muy pronto”.
Hijo de padres asturianos, Clarín nace en Zamora, donde fue enviado su progenitor, Genaro García-Alas, como gobernador. Cuando tiene siete años, la familia regresa a Asturias. Una tierra a la que siempre estará unido en su formación, sus afanes y en la novela con la que inmortalizó a la heroica ciudad que dormía la siesta. El filial del Oviedo, el equipo de fútbol que ha bajado a Segunda, tiene el nombre de Oviedo Vetusta. Aunque la única liga que aparece en La Regenta es de lencería y desatará unos celos atávicos por parte del otro gran personaje de la novela, Fermín de Pas, el Magistral, el hombre más poderoso de la diócesis de Vetusta, martillo de su obispo y de los que pasan por su confesionario.
Como en ‘Madame Bovary’, Ana Ozores también se libera de su corsé masculino
Flaubert publica Madame Bovary primero por entregas entre octubre y diciembre de 1856 y después como libro en 1857. Leopoldo, tercero de los hijos de Genaro y Leocadia, pasa su infancia en Zamora. Dos novelas que tienen en común que en el título ya hacen explícita la dependencia de sus protagonistas de sus respectivos maridos hasta que vuelen solas como heroínas de la literatura: la esposa del doctor Bovary, la del Regente Quintanar, aragonés de La Almunia de don Godino (él cambia el género al pueblo para despistar).
La Regenta arranca como una novela costumbrista hasta en el nombre de los personajes: Edelmira, Obdulia, Visitación, Robustiano Somoza, Pompeyo Guimarán, el irrepetible ateo de la villa que entra en la Misa del Gallo con una botella de Anís El Mono. Pero empiezan a trenzarse una serie de relaciones con Ana Ozores como nexo que la convierten en una novela casi de terror. El Magistral le pone deberes: Kempis, Santa Teresa, para camuflar de devaneos místicos lo que es una atracción física imparable; el presidente del Casino, por contra, de la que es conocida su fama de conquistador, sabe que la única forma de aumentar su palmarés es a través de la contemplación y el arrobo. Se vale para ello de la complicidad involuntaria del Regente, casi cornudo y totalmente apaleado, una alianza parecida a la que Robert Graves cuenta en La guerra de Troya que estableció Paris con Menelao, el rey de Esparta, para hacerse con los favores de Helena de Troya.
Nacho Garmendia ha hecho en este periódico una reseña del tríptico que el profesor de Derecho Rafael Jiménez Asencio ha hecho de Galdós, Valera y Clarín desde el punto de vista jurídico. En el caso de este último, hasta la elección de un regente de la Audiencia muestra su dominio del terreno. Que llega a unos derroteros casi shakesperianos cuando todos se sienten despechados por la Regenta. Aunque el duelo real lo tendrá el Regente con su socio traidor, el intelectual y jurídico es con Fermín de Pas y su sotana. “Las leyes del mundo. ¡Qué farsa!”, pensaba este último, “don Víctor tenía el derecho de vengarse y no tenía el deseo; él tenía el deseo, la necesidad de matar y comer lo muerto, y no tenía el derecho”. El pleito también lo mantiene el cura con el presidente del Casino, “un elegantón de aldea, un parisiense de temporada”.
Casi siglo y medio después, ‘La Regenta’ conserva una frescura y un descaro admirables
Hay algunas referencias andaluzas. La fuerzas vivas de Vetusta acuden al teatro, un antiguo corral de comedias, a ver El barbero de Sevilla. Y el matrimonio tuvo un anterior destino recordado por Quintanar. “¿Te acuerdas de lo que te pasó en Granada? Meses enteros estuviste sin querer teatros ni visitas, ni más que escapadas a la Alhambra y al Generalife; y allí leyendo y papando moscas te pasabas las horas muertas. Resultado: que enfermaste, y si no me trasladan a Valladolid, te me mueres”. Prefiere el don Juan de Molière al de Zorrilla y hay referencias literarias a Chateaubriand y a Wiseman, el autor de Fabiola, novela que da nombre a la calle de Sevilla donde nació quien sería arzobispo de Canterbury. En La Regenta se pasa de la siesta a la pesadilla. “El tiempo volaba. Junio se metió en calor. Vetusta en verano es una Andalucía en primavera”.