Juan Sancho. Tenor

"En otra vida me gustaría cantar Wagner"

  • Asentado como un tenor de referencia del Barroco europeo, el sevillano Juan Sancho presenta su última ópera registrada para el sello Decca, 'Catone in Utica' de Leonardo Vinci.

Vinci. Catone in Utica. Cencic, Fagioli, Sancho... Il Pomo D'Oro. Riccardo Minasi.. 3 CD Decca (Universal)

Vive en Palomares del Río, un pueblo distante 10 kilómetros de la capital andaluza, pero Juan Sancho (Sevilla, 1982) desarrolla casi toda su carrera al norte de los Pirineos. "Mi agencia es austriaca y me dedico fundamentalmente a cantar ópera barroca, que no se hace demasiado en España. Por eso trabajo poco aquí, pero mi intención es cambiar eso. Me siento muy sevillano, muy español. Me gustaría tener más vinculación laboral con mi país, porque soy de aquí, vivo aquí y voy diciendo que soy de aquí. No frecuento la vida cultural o social de Sevilla, porque trabajo, pero personalmente tengo muchas vinculaciones con Sevilla, con mis hermandades, mis amistades…".

-¿Demasiadas semanas fuera de casa?

-Sí. Aunque mi mujer y mis dos hijos viajan y vienen mucho conmigo. Siempre he querido tener mucho trabajo, y cuando empecé ansiaba ser un cantante mediático, pero eso es algo que tiene un coste personal demasiado grande. Mi profesión implica muchas renuncias, no poder vivir una vida normal, no pasar las navidades en casa. Ahora bien, si eso llegara a convertirse en un inconveniente para poder tener una relación profunda con mis hijos o con mi mujer, cambiaría de profesión. La música y el canto me vuelven loco, pero el amor como marido y como padre es más importante. Por suerte, a día de hoy lo compagino bastante bien.

-¿Pensaba que llegaría a convertirse en un tenor de referencia para la ópera barroca?

-En realidad, yo quería ser director de orquesta, pero me gustaba mucho cantar. Estudié piano con María Floristán, música de cámara con Juan Luis Pérez, canto coral con Alonso Salas, los tres profesores que más me influyeron. Siempre había sentido que el canto era algo que estaba latente en mí, y con el Coro de Alonso Salas descubrí a Monteverdi. Hice pruebas para la Esmuc de director de orquesta, director de coro y canto histórico. En primera instancia no me admitieron como director, pero sí en canto. Empecé a estudiar con Marta Almajano y luego seguí con Lambert Climent, al que ya conocía de antes. Cuando empezaba como cantante, soñaba con convertirme en un Evangelista de referencia, y de hecho debuté en el Palau de la Música haciendo un Evangelista con Pep Vila. Hoy hago menos Bach del que me gustaría.

-¿El encuentro con William Christie fue definitivo para su futuro?

-Absolutamente. William Christie fue decisivo en mi vida. Me admitieron en la tercera edición de su Jardin des Voix, la de 2007. Aquel taller me permitió entablar relaciones con mucha gente. Canté en el Teatro Real y me metí en el mundo de la ópera, que me atraía muchísimo. Empecé a conocer cómo funciona una producción, cómo es un teatro, los ensayos, las pruebas... Después conocí a Biondi y a Marcon, casi siempre haciendo ópera. Kenneth Weiss, que trabajaba con Christie, me llamó directamente. También conocí por entonces a mi agente, empezamos a trabajar juntos. Básicamente es una agencia de ópera, y hace mucha ópera barroca. Yo me siento cantante lírico, cantante de ópera, pero no un especialista. Tengo afinidad y experiencia con el barroco, pero no me siento especialista, entre otras cosas porque me parece arrogante ir diciendo algo así; que lo digan de ti, bueno.

-¿Le molesta que hablen de usted como un cantante barroco?

-No me molesta. Pero si me preguntan, no me defino como un cantante barroco. Ahora bien, he hecho en disco óperas de Monteverdi, Cavalli, Vinci, Haendel, y es normal que la gente me asocie a este mundo.

-Participó en una de las grabaciones barrocas más exitosas de los últimos años, el Artaserse de Vinci, en el que trabajó rodeado de auténticos divos de la ópera, como los contratenores Philippe Jaroussky, Franco Fagioli o Max Emanuel Cencic. ¿Cómo se sintió?

-En lo personal fue muy cómodo y gratificante. Son personas muy asequibles. Con todos me he ido a cenar, y todos me trataban con absoluta naturalidad, sin condescendencia alguna. Jarosussky es una persona muy sencilla. A Max lo conozco desde hace mucho y canto con él en casi todas las producciones de ópera que he hecho para Decca, también en Versalles. Con Franco, quizás porque es argentino y el vínculo del idioma es importante, me une una gran amistad.

-Este Catone in Utica es una vuelta sobre Leonardo Vinci, un compositor que está siendo muy reivindicado últimamente. ¿Qué valores tiene su música?

-Su intuición dramática es extraordinaria, su exquisitez melódica es indiscutible, su dominio del recitativo es alucinante. El libreto de Mestastasio es extraordinario. Nos lo pasamos muy bien haciéndola. En Vinci hay un todo dramático muy orgánico. Las arias tienen un carácter muy fuerte, pero son una continuación de la energía del recitativo.

-La escuela napolitana es el refugio del virtuosismo más extremo del canto barroco. ¿Encuentra diferencias a la hora de afrontar una ópera de Vinci con una de Haendel, que también ha cantado mucho?

-Sí, la ópera de Vinci es mucho más difícil. No tanto para mí, que el tenor es al fin y al cabo un personaje de carácter, como para los contratenores. La mayor dificultad de Haendel es que el protagonista tiene 8 o 9 arias y tiene que aguantar mucha tensión vocal. En Vinci eso no pasa, el protagonista tiene 5 arias, pero son de un virtuosismo extremo. Las arias de Cesare en el Catone son tremendas. Lo que tiene Haendel de extraordinario es la nobleza, que no pierde nunca. En un aria de locura de Vinci, napolitano puro, se pierden los papeles. En la última aria de Catón estaba al límite de mis fuerzas. Podía haberlo hecho con otra actitud, pero me parecía una traición a la música, al libreto y al drama. Cuando la hija le confiesa que está enamorada de César, Catón le dice: "Debería haberte envenenado el día que abriste los ojos por primera vez". Claro, es tremendo. Si Haendel pone en música algo así lo hace de otra manera: por ejemplo cuando Júpiter le dice a Sémele que no sabe lo que le está pidiendo al exigirle que se manifieste ante ella como un dios, escribe un aria exacerbada, pero de una elegancia que no tiene el aria de Catone, en la que hay una dificultad técnica mayor, porque además el tenor es muy visceral. Y en el caso de los contratenores es todavía peor: hay florituras de todo tipo, saltos, coloratura, ornamentos, combinaciones extremas de registros…

-Hace también belcanto, sobre todo Rossini (Barbero, Turco en Italia), ¿hay diferencias en la técnica?

-Estuve cuatro años trabajando técnica belcantista en Francia. Y me cuesta separarlas. Lo entiendo más como una técnica lírica en oposición a una más de cámara. Si cantas un Ulises o un Orfeo de Monteverdi en un teatro de ópera necesitas una técnica lírica. Si no, no se te oye. En 2011 hice El barbero de Sevilla en Kiel y me entró la fiebre del belcanto. A nivel vocal te ayuda mucho a crecer y a consolidar tu técnica.

-¿En qué momento se encuentra su voz?

-Estoy en un momento en que lo que quiero es cantar bien, hacer roles interesantes con buenos colegas en buenos teatros. Y dejar que la voz se vaya desarrollando. Sentirme a gusto y feliz en mi pellejo. Antes tenía clarísimo que quería cantar La hija del regimiento y Werther cuando cumpliera cuarenta años, pero ahora estoy feliz haciendo lo que hago. No me trazo planes especiales sobre repertorio futuro, aunque espero poder hacer algún rol de Verdi, porque su música es tan expresiva... Y en otra vida me gustaría cantar Wagner.

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