Análisis

Francisco G. Luque Ramírez

Asumir la realidad

Los jugadores del CD El Ejido deben quitarse ya esa presión de tener que estar en la zona alta

Cuanto más altas son las expectativas, mayor es el golpe que sueles llevarte cuando quedas muy lejos de la meta prevista. Esto es lo que le está ocurriendo al Club Deportivo El Ejido, conjunto que, en su tercera temporada como equipo de Segunda B, se había propuesto este curso claramente luchar por un puesto de play off a Segunda. A día de hoy, está a un punto del descenso. Evidentemente, estar en esta situación no lo esperaba nadie. Ni jugadores, ni directiva, ni aficionados, ni incluso los que hacemos cada fin de semana las crónicas de los partidos de los celestes. También nosotros teníamos cierta ilusión contagiada de ver la próxima campaña en la categoría de plata al conjunto del Poniente que llevamos viendo crecer desde 2012. Matemáticamente aún es posible que eso se pueda cumplir, pero siendo objetivos, usando la lógica y analizando como están las cosas por Santo Domingo, tendría que producirse un milagro de proporciones bíblicas. Hay que tener los pies en el suelo, asumir la nueva realidad del equipo ejidense y que tanto jugadores como afición sean conscientes de que ahora solo hay que pensar en salvar al equipo, sea como sea. No vale de nada estar estas semanas pitando a un palco, culpando a Pierre Mevy o a Javier Fernández. La situación no va a mejorar por abuchear a algunos futbolistas desde la grada, aunque también es entendible que un abonado o fiel seguidor se sienta indignado al ver a un CD El Ejido sin rumbo sobre el terreno de juego pero poniendo su GPS hacia la Tercera División. Para que pueda mejorar la situación de los ejidenses, primero hay que tener claro que quedan muchos puntos y hay cierto margen para tratar de mejorar y evitar un inesperado descenso. De lo del play off, ya hay que olvidarse por completo, porque podría aparecerse la Virgen, encadenar seis victorias y que el equipo se ponga cuarto, pero este CD El Ejido no está para luchar por subir ni de lejos. Hay que cambiar el chip en un vestuario que debe recuperar la confianza y ya sin la presión de tener que estar en la zona alta.

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