Análisis

césar vargas

¿Quién eres?

El almeriense Joaquín Fernández ha sido el último en abandonar este ruinoso barco

Nos dicen que estamos ante el Almería del hambre, del compromiso y de la competitividad. Nos venden un equipo nuevo que no caerá en errores del pasado, un plantel unido que se sacrificará durante cada partido. Un proyecto con las señas de identidad muy definidas. Lo cierto es que yo no tengo ni idea de quién es este Almería. Joaquín ha sido el último en abandonar este ruinoso barco y, con él, se va también lo poco que nos unía emocionalmente a un equipo desconocido que cambia de plantilla, de proyecto y de capitanes cada verano. No podemos engañarnos: por su propio bien, los jugadores jóvenes y con talento deben huir de aquí. Hace años que este club se ha convertido en un agujero negro que engulle la proyección de sus futbolistas a base de rodearlos de mediocridad y falta de ambición. Joaquín deja en las arcas otro buen dinero que hace que Alfonso García se haya embolsado, entre estos dos últimos veranos, más de seis millones de euros, habiendo invertido en fichajes, en este tiempo, apenas 250.000 euros. Con la marcha del central, el Almería pierde a su último estandarte. El último jugador en conectar de una forma íntima con la grada. La figura más mimada del almeriensismo. Un símbolo de la cantera. El capitán. No, este Almería no me representa. A los menosprecios del club, las mentiras de sus voceros y los pírricos resultados se les suma la falta de identificación con un plantel que deja ir cada año a los pocos jugadores que nos hacen sentir cierto orgullo por esta camiseta. Todo ello me ha minado hasta el punto de acudir al estadio sin esperanza. Sin expectativas. No es algo que me dé igual. Me duele mi indolencia. Me encantaría pasar la semana haciendo cábalas y contando los días para regresar al estadio, pero me es imposible. Yo no he cambiado. Desde que soy niño solo he querido una cosa: disfrutar con el fútbol. Quizás, en esto último está la clave. Gracias a Alfonso García llevamos mucho tiempo sin pasarlo bien en nuestro propio estadio. Espero que, al menos, quienes todo le aplauden sí lo hagan.

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