Análisis

Francisco bautista toledo

Carini siempre es Carini

Explora Carini la imagen, como posibilidad visual de plasmación del sentido lírico contenido en el poema. Es una labor difícil, pero la habilidad expresiva del pintor logra salvar la estructura del verso escrito, la musicalidad de la palabra, exponiendo con la conjugación cromática la sensación oportuna, la emoción adecuada, que escondida en el envés del color surge al rozar sus diferencias. Nace en ese momento la chispa fugaz, de percepción sugerida, solo aprehendida por el corazón.

Consigue el artista trasladar la palabra poética al lienzo o papel, incorporando la imagen evocadora, el símbolo portador de impresiones encadenadas hacia el fondo del enigma, las conjunción de colores que dictan el sentido rítmico de los sentimientos evocados.

Miguel Carini es un maestro del grabado, referencia entre todos, ofreciendo en esta ocasión una obra en diferente formato, permaneciendo en su esencia creativa, pues su huella personal trasciende la técnica, para permanecer en todo su trabajo plástico. Carini es siempre Carini, mostrando su dominio, sea en óleo, acuarela o impresión. En sus piezas la línea pierde su memoria geométrica, para aparecer sinuosa, sensual, escondida, caprichosa y envolvente, encerrando en sí el misterio de la historia. El signo de la palabra, es reflejado en la figura, en la cual el trazo seguido por la mirada va decantando los tiempos de sus momentos, potenciada por el guiño del signo incorporado, símbolo que propone otra forma de abordar la escena propuesta. Pero es en la intensidad del color, en la sucesión tonal, donde el pintor induce sentido pasional al poema propuesto, verso extraído que en su libertad se abre en todo su significado, evocación del sentido metafísico de la existencia, del tiempo que pasa, de la intrascendencia de la realidad, siendo sólo real el instante que se escapa de la existencia racional, evadiendo el pensamiento hacia espacios sensibles, unas veces fríos y desconcertantes, abatiendo el espíritu, en otras consigue postrar la atención ante el gesto de la frase brillante trasplantada al cuadro.

Miguel Carini se interna en la obra de Federico García Lorca, en el jardín de su palabra poética, descifrando el perfume de la oscura magnolia, tras la huella de la figura amada, cuan gacela que se vislumbra en la bruma de la fría mañana, cuando el espíritu vaga perdido tras el soplo de su presencia.

Es una impronta barroca la configurada en su producción pictórica, abarrotada de color de vibración acorde, que reproduce el alma del poema.

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