El Comité de Competición de la RFEF está en disposición de indultar, de nuevo, a Umar Sadiq. Lo hará si estima procedente el recurso presentado por la UDA contra la segunda tarjeta que le costó la expulsión al nigeriano ante el Fuenlabrada y entiende que el forcejeo del nigeriano con Ibán Salvador desvirtúa la presunción de veracidad recogida en el acta arbitral como una "acción temeraria". Su decisión no solo permitirá que el delantero pueda jugar contra el Leganés, el miércoles 17, sino que cerrará una cadena de errores flagrante. La desestimación, por el contrario, vendría a ser como encajar un gol de penalti inexistente y sufrir una expulsión en la misma jugada: un castigo doble o una injusticia aumentada, con efecto retardado. El círculo vicioso lo inició Ibán Salvador simulando una agresión y el colegiado le dio continuidad al caer en el engaño. La UDA se quedó con uno menos de forma injusta y la posibilidad de enmendar este entuerto pasa por el leal saber y entender de Pablo Mayor, Lucas Osorio y Carmen Pérez, ésta en calidad de presidenta, quienes componen el Comité de Competición. El pichichi de los rojiblancos ya ha pasado por el criterio de este trío de personas justas, al retirarle la segunda amarilla contra el Rayo en Vallecas y todo el mundo espera y confía que se repita la resolución. De ser así, el jugador y el trencilla no han de quedar impunes y debieran de ser amonestados en lo económico y deportivo. Este periodista no es ingenuo y sabe que esa doble circunstancia no se va a producir. El fútbol español dista mucho del modelo ejemplar del inglés, donde la simulación de faltas o penaltis y la celebración indecorosa de goles es penalizada con una sanción económica de una cuantía difícil de olvidar. Es lo que hay.

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