Carta pública a alba y valen

No todos los entrenadores tienen la suerte de poder contar con dos jugadoras en su equipo, con todo lo bueno que conlleva, y eso que este periodista, que cuenta con ese privilegio, no es muy partidario de la discriminación positiva. Al árbol grueso del feminismo le han salido cada vez más ramas podridas que lo único que hacen es frenar esa mejora continua que vive la sociedad en cuanto al tema. Esas manifestaciones en las que aparecen las graciosas de turno enseñando su cuerpo desnudo, esa justicia a veces injusta o esas patadas diario al diccionario inventándose nuevas normas (hasta 'aprobadas' por un gran grueso de docentes universitarios) ensucian un feminismo en el que el fútbol mejora a pasos agigantados. La última prueba se vio ayer con ese espectacular partido de la selección española ante la todopoderosa EEUU, en el que las de Jorge Vilda realizaron su mejor actuación del campeonato, plantando cara a la presumible campeona del mundo y teniendo sus opciones de victoria, algo que parecía una utopía anteayer. Aunque las victorias son victorias y las derrotas al fin y al cabo también derrotas, valiendo todas por igual, la de ayer (primera ocasión en la que España disputaba unos octavos del Mundial) fue una derrota dulce, aunque pueda parecer contradictorio. El fútbol femenino cada vez tiene más fuerza: la mejor revista nacional dedica el número de este mes al Mundial, en los kioscos están los cromos del torneo, se televisan en abierto muchísimos más partidos de femenino que de masculino, el número de equipos femeninos crece, en los videojuegos aparecen... Espero que dentro de diez años estas dos jugadoras del Poli Almería echen la mirada atrás y corroboren que el crecimiento ha sido continuado y no una simple moda de unos años, estando orgullosas por lo que han logrado mujeres, jóvenes y niñas como ellas en los últimos año. Ahora es vuestro turno seguir prolongando ese bonito camino, continuando con lo que queréis y tirando a la basura casposos clichés antiguos. Por eso alegra ver a Alba y Valen parando y chutando, teniendo el respeto de sus compañeros, con esa normalidad deseada y ganándose lo que tienen porque de verdad lo merecen. Pura alegría.

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