Valor y precio suenan igual, pero lo cierto es que sus significados son diferentes. El precio es lo que se gasta y el valor es lo que se recibe. Un ejemplo puede ser más aclaratorio. Brian Rodríguez recaló como cedido de Los Angeles FC a finales de enero como el MVP de la categoría. Su valor de mercado (cotización) era de 12 millones y el actual es de 10. La influencia en el juego del charrúa ha sido escasa o casi nula en los 16 partidos que ha jugado. Es decir, su precio era alto, pero su utilidad ha sido muy baja, casi inexistente. El caso del internacional uruguayo es especialmente llamativo como lo fue también el de Arvin Appiah, el fichaje más caro de Segunda y cedido al Lugo, para foguearse. La nueva propiedad armó una plantilla a golpe de talonario y la utilidad de muchos de sus fichajes ha estado muy por debajo de su precio. Otra de las confusiones tiene que ver con un defecto estructural. El plantel respondía a un perfil más técnico que físico. Salvo contadas excepciones, no era un equipo de ir a la guerra y de chaqueta metálica, y el cuchillo entre los dientes. Ha vestido su juego con el smoking del gusto por el toque y se ha olvidado del buzo, feo y mugriento, pero siempre eficaz. Muchos han saltado al césped a disfrutar cuando hay que saltar a sufrir. La edad es otra de las coartadas. Se trata de un argumento muy recurrente. Cuando el joven de turno se sale, marca o asiste, es un jugador de calidad y muy válido. Pero cuando falla o se aleja del balón y del rival es un futbolista inmaduro, que está por hacerse y necesita tiempo. Les ocurre como a los equipos filiales. Si ganan, están para competir. Si pierden y lo hacen mal, están para formarse. El fútbol es ilusión y olvido. La recién finalizada ha sido una campaña para el olvido y el recuerdo, para repasar errores y no volver a cometerlos.

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