Primera División no espera a nadie. No hace prisioneros. Es una competición en la que no se regala absolutamente nada. Los fallos que no costaban partidos en Segunda son asunto del pasado. El último partido del año era la oportunidad perfecta para romper una racha negativa fuera de casa que se prolonga desde el 13 de mayo en Anoeta ante el filial donostiarra. Frente a uno de los rivales directos, con el marcador a favor a falta de diez minutos y con un partido más que notable. El Almería tuvo en su mano la victoria en Cádiz. Pero no iba a ser el viernes. Lucas Pérez, que al día siguiente partía rumbo a La Coruña, neutralizaba el resultado. Un nuevo episodio en la tragicomedia protagonizada por los rojiblancos este curso cuando no ejercen como locales. Cinco victorias, cuatro de ellas consecutivas, en elEstadio de los Juegos Mediterráneos y solo dos puntos como visitante. El quinto mejor equipo de la competición en su estadio y el peor (junto al Elche) lejos de su campo. Versiones antagónicas.

La dinámica en casa hace que los siguientes partidos (Real Sociedad, Atlético) se vean como encuentros en los que se puede puntuar e incluso vencer. En la otra cara de la moneda, cualquier visita se ha convertido en un reto mayúsculo. Una cuenta pendiente que sigue aumentando con el paso de las jornadas. Una de las grandes penalidades del conjunto de Rubi han sido las segundas partes a domicilio. Solo un gol a favor (El Bilal en el Benito Villamarín) y once en contra. De nueve puntos con los resultados de las primeras partes a dos. Siete puntos desaprovechados. Un bagaje demoledor. Es contradictorio y tan complejo de explicar la situación que sólo Robert Louis Stevenson lo explicó con tanta claridad por escrito. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. El Almería como local y visitante. Un mismo equipo con dos caras. La UDA de las victorias y la de las derrotas. Esperemos que Jekyll acabe imponiéndose a Hyde.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios