En una época como la actual, en pleno siglo XXI, no podemos concebir el deporte como una simple actividad, ni muchos menos. Que el deporte es salud es más que evidente, la ciencia así lo viene corroborando desde hace mucho tiempo.

De sobra son conocidos los numerosos beneficios que el deporte tiene para la salud, tanto física como mental, de las personas que lo practican. Pero tampoco podemos obviar que el deporte se puede convertir en una interesante vía para inculcar infinidad de valores a los más pequeños de la casa. Debemos entender el deporte base como una magnífica escuela de valores, una escuela en la que primen los principios por encima de los resultados deportivos que se puedan cosechar. Una escuela de valores como puede ser la del fútbol sala en la que inculcar principios como el respeto, el compañerismo, el esfuerzo o la disciplina, por mencionar algunos de ellos.

Unos valores que perfectamente se puedan emplear fuera de la práctica deportiva, incorporándolos en su día a día desde una temprana edad. Unos valores con los que contarán durante toda su vida una vez se familiaricen con ellos. Un fútbol sala en el que, por ejemplo, aprender que sin trabajo difícilmente uno pueda conseguir los objetivos que se proponga. Una manera también de familiarizarse con las normas a través del deporte y entender que estas están para cumplirlas.

Pero también se trata de un deporte con el que ser conscientes de la importancia que tiene el trabajo en equipo para obtener gratos resultados. Unos valores que deben ser motivos más que importantes para que los padres animen a sus hijos a la práctica de este deporte.

Un fútbol sala que más que un simple deporte es, sobre todo, una escuela de valores para los más pequeños.

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