En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar. Así empieza la copla, un pasodoble escrito por los maestros León, Quiroga y Quintero que han interpretado Juanita Reina, Marifé de Triana o la madre de Paquirrín. Sin ser yo muy coplero ni taurino, sé que dicha composición trata de un amor imposible expresado por una mujer hacia un torero, que le corresponde. Pero tiene ya "otro querer". Hace más de seis años y aún escuece aquel final abrupto a una relación que fue bonita mientras duró entre el Francisco entrenador y la UDA. Sus caminos se han vuestro a cruzar varias veces desde entonces. Y las que te rondaré, morena. Pues a mí en esta me ha venido a la mente el pasodoble antes mencionado porque, como rezaba la tonadillera de turno, más de uno sigue "rezando por él con la boquita cerrá". Yo que estuve en Nápoles varias veces puedo afirmar que las lágrimas de los napolitanos por Maradona supuestamente expuestas cual monumento en la fachada del bar Nilo bien podrían ser las de los almerienses por Francisco en cualquier local de las Cuatro Calles. Literalmente. El torero de la copla desde la arena decía "niña morena, ¿por qué me lloras, carita de emperadora?". Ay, la de suspiros que habrá lanzado más de uno estos años. El papel de torito bravo, enfurecido, sería interpretado entonces por Alfonso García y la embestida sería mortal de necesidad a los pies de escalera para subir a aquel avión de vuelta de Eibar. No tuvo compasión el toro murciano, pese a llevar el torero almeriense entre bordados el corazón de la afición. Años después hubo otro Francisco, más o menos Alegre, que corrió similar suerte y al que también suelen encontrarse. En Girona espera un hombre que no lo quiero añorar. Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá. O algo así.

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