Análisis

RAÚL PIÑEIRO

Guerras Alfonsistas

En las guerras civiles, como las Carlistas o la del siglo XX, quien siempre sale perdiendo es el pueblo. No hay vencedores, ni vencidos, aunque uno de los dos bandos sea el que se haga con el poder. En el Almería, de un tiempo a esta parte, la afición está dividida en dos bandos: los alfonsistasempedernidos, que no solo ven bien las decisiones del presidente, sino que incluso las justifican; y los inconformistas realistas, a los que quizás les tilden de antialmerienses o aficionados de boquilla, a saber. La situación es que a cada año que empeoraba la plantilla rojiblanca, el equipo seguía sufriendo de lo lindo para salvarse, hasta llegar a este verano, donde ha habido liquidación deportiva, vendiendo todo lo vendible y formando una plantilla de jóvenes, con mucha hambre, pero sin calidad ni experiencia. La guerra alfonsista se ha recrudecido en estas últimas semanas, donde he llegado a ver a alfonsistas diciendo a los del otro bando que si no comulgas con Alfonso y no te gusta lo que ves, no te abones. Algo así me dijeron a mí por twitter. Quizás ajenos de que llevo pagando religiosamente mi abono desde hace muchos años, incluidos los 9 y pico que llevo en Londres. En estos años de exilio se cuentan con los dedos de la mano los partidos que he podido ver in situ. Pero sigo pagando mi abono porque mi ciudad, mis colores y mi club, por mucho que sean propiedad de alguien, están por encima de esa persona. Porque en el fútbol negocio de las SAD aún hay gente que siente los colores y le duele lo que le pase a su equipo. Y porque esa actitud tan almeriense de no mover un dedo ante los ninguneos tiene que acabarse. Alfonso sobra en el club. Ha conseguido dividir a la afición y que se echen en cara y restrieguen cosas mutuamente. Con el empate con el Tenerife y la derrota ante el Málaga los alfonsistas se sentían vencedores en esta especie de guerra. Tras perder en Pamplona, sucedió a la inversa. La realidad es que al final perdemos todos porque el equipo se va al garete y tenemos que hacer algo al respecto. PD: ¡Alfonso, vete ya!

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