Luis Feito López (Madrid, 1929-Rascafría,2021). El signo y la fuerza del color definen la sustancia anímica del cuadro. Es una impronta que deposita el pintor en el albor infinito. El punto crea en su entorno un espacio definido por su presencia, deja de ser amorfo el blanco, desarrollando sobre la superficie su efecto la tonalidad elegida.

Luis Feito realizó un viaje iniciático por los campos ocultos de la imagen, adentrándose en la mirada simbólica que soporta la esencia del objeto apreciado. Su trayectoria plástica constituyó un proceso continuo, donde tras cada hallazgo surgían nuevas interrogantes por descifrar.

En su viaje por las estancias de la representación en el lienzo, olvidó inicialmente las formas, concentrándose en los colores ocres, rojo y negro, en su contraste con el blanco. Experimentó con el efecto de superficies irregulares, formadas por densidades matéricas, mas pronto centró su actividad en el rojo, blanco y negro, elaborando piezas donde las manchas contraponen su influencia.

El círculo inicialmente capta su atención, para posteriormente recorrer las líneas y sus ángulos, en disposiciones aleatorias, culminando al final en una simplicidad en la que la macha se enfrenta al orden de la geometría, cuando no en un trazo que se pierde, ajeno a la composición o a su deformación, en un símbolo cuyo significado se abre en el subconsciente del observador.

Este creador plástico vivía la Pintura como expresión primigenia de un lenguaje mágico, cuando el artista describía con su pincel la esencia de la existencia. Vuelve a los orígenes de la representación visual, donde el trazado del color, la intensidad del negro, blanco o rojo, ayudaban a vislumbrar el halo de lo invisible que convive con lo real. En la obra de Luis Feito existe una confrontación, entre la razón y el pensamiento irracional. No se consigue esto si el pintor planifica, teoriza o piensa en la estructuración armónica de la composición, sino sintiendo la Pintura, disolviéndose en la propia acción constructora de la obra, dejando que fluya el subconsciente en su encuentro con lo inmaterial. Luis Feito quiere descubrirlo, recorrer sus pasillos, definir sus contornos, pero la empresa es inagotable. La técnica zen es utilizada en esta aventura, pues ayuda a liberar la mirada irracional, en su observación virgen sin respuesta previa, para ver la auténtica faz de las cosas. Y esto lo consiguió con un ejercicio continuado, repetitivo, obsesivo en la plasmación de la idea perseguida. Luis Feito logró expresar lo inabarcable con la mínima expresión cromática y lineal.

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