Análisis

FÁTIMA DÍAZ

Muñecos para niños y mayores

Frederik Hansen estaba de viaje con su hija por Alemania y se dio cuenta de que estaba todo el rato con el teléfono móvil. Así que se inventó un juego. "Fingió que recibía una llamada de Elmo, que es el peluche que se habían dejado en el hotel en ese viaje, y que llamaba con todo tipo de problemas para recibir los consejos de la niña", explica Verónica Pastrana, creadora y productora de programas infantiles de televisión y responsable de Llamada Peluche, la adaptación española de la idea del danés, también creador de ese tipo de espacios.

El formato que acaba de aterrizar en los fines de semana de Clan es el resultado de una búsqueda de programas protagonizados por niños que muestren a otros cómo ven el mundo y cómo es su vida cotidiana. En la versión española, un oso y un búho de peluche atienden la central telefónica de emergencias a la que llaman los muñecos en apuros. De una forma similar a Toy Story, los peluches cobran vida cuando la familia se va de casa, solo que estos no intenta esconderlo, y llaman para intentar solventar un conflicto. Entonces, en capítulos de seis minutos, pensado para niños de entre 4 y 8 años, son los propios chicos quienes les ayudan a resolver estas situaciones, que pueden ser sencillas, como hacer una tarta, o sociales, como mediar cuando otro peluche se está metiendo con su mejor amigo. Son los niños los que terminan de construir la historia.

Las grabaciones se llevaron a cabo en el Colegio Reggio, donde el equipo se puso en una caja oscura para que los niños se sintiesen libres, y pudiesen realmente hablar sin tener que complacer a un adulto. Y también han contado con la participación de dos actores, que dan voz a los peluches, que tienen cada uno su propia personalidad, y recogen también cómo ha sido su crecimiento. Clan ha dado un paso muy importante, porque no hay tantos espacios así, y lo cierto es que son necesarios. Para la creadora, faltan más producciones protagonizadas por gente de esa edad, y debería ser responsabilidad de los gobiernos que exista una producción nacional de calidad para los más jóvenes.

Además, la cofundadora de la guía de contenidos infantiles Yeeep! detecta un exceso de competitividad y de su fomento en los programas que tienen a los niños como protagonistas, y demanda otro tipo, como "un formato danés en el que el cocinero llega a la casa de un niño, la decora, y hace con él una tarta para una persona muy especial que el propio niño ha escogido, mientras hablan sobre ella y por qué quiere regalársela". Un programa en el que puedes aprender de cocina, pero que va más allá. Uno en el que no piensas ni en la competitividad ni en el resultado, sino en el que simplemente estás disfrutando el momento. Un sueño, para mayores y pequeños.

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