Hhay quienes simpatizan por un equipo tras sentirse atraídos por algún aspecto: un jugador, el estilo de juego, el ambiente que se respira en los aledaños en el caso de clubs profesionales y del ambigú en categorías más bajas... Y también los hay que llueva, truene o granice, juegue el equipo como local o a 500 kilómetros, están ahí. Son parte del escudo. O incluso el escudo. Es el caso de Ojoyeso. Guillermo se ha quedado con el cariñoso apodo, fruto de la palabra que más usa ya sea para saludar o con otros fines. No sé cuándo conocí a Ojoyeso, pero sí que tuvimos algún cruce de palabras en un Poli Almería-Oriente. El tiempo me ha permitido ir conociendo más a fondo a una de las piezas más importantes de una entidad histórica como es la del Poli. Él estuvo en el Juan Rojas, en el Estadio de la Juventud, en Viator y ahora en la Ciudad Deportiva de Los Ángeles. Allá donde esté el escudo está Ojoyeso, que este curso incluso ha visto cómo otros aficionados han formado una peña con su nombre. Tras ganar, empatar o perder, como local o visitante, la primera norma es ir a saludar a los aficionados, empezando por Ojoyeso. Si se han logrado los tres puntos, la ya habitual foto del vestuario le incluye.

El vestuario es un lugar sagrado. Sólo entran jugadores y miembros del cuerpo técnico. Y Ojoyeso. A él no se le cierra la puerta. Sin ficha, también es miembro de la plantilla. No sólo del primer equipo, sino de las bases, posiblemente siendo el único aficionado de la provincia en ir a ver un partido de niños con su tambor sin tener a ningún familiar. Antes de animar, toca posar en la foto inicial; después, levantar el ánimo si se ha perdido. Todo ello con una lealtad que es una maravilla en los tiempos que vive el fútbol no profesional.

El pasado fin de semana tuvo un susto con su salud. Si se recibe lo que se da, puede estar tranquilo, porque es incontable el cariño que ha dado a cada miembro del club almeriense. Desde hace décadas.

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