Análisis

pablo laynez

Por suerte se rompió el termo

Dice Pepe Céspedes en sus monólogos, de los cuales soy un gran seguidor, que el verano comienza después de Semana Santa y el invierno cuando acaba la Feria. Querido Pepe, tienes que darle una vuelta al chiste que eso era cuando en Almería llovía y hacía frío, allá por 1957. El coronavirus se ha quedado en La Gomera, pero el cambio climático sí que ha infectado a una ciudad que sufre como pocas calor en noviembre, y en diciembre, y en enero, y en febrero, y en marzo... En fin, está claro que nunca hace sol a gusto de todos, que de los cinco mil corredores que ayer hicimos más grandes el Medio Maratón de Almería, la mayoría preferirá el calorcico veraniego a la lluvia. Con una magnífica organización, un recorrido que ha mejorado por el paso por la Plaza Santa Rita y no por el Estadio de la Juventud, y un público que se merece otra medalla por su constante apoyo, a mí en febrero me pega más la camiseta térmica que la crema solar. Después de los 21 kilómetros, en los que las esponjas mojadas fueron mis mejores aliadas, nada mejor que el termo del Palacio se hubiera averiado y hubiera agua fría para todos. ¡Y este miércoles a Berlín, donde el miércoles nos reciben -4º y nieve, los tenis a la maleta para trotar por el Checkpoint Charlie! (Aclaración: no estaba roto el termo, por supuesto, tantos corredores lo vaciamos).

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