El pasado sábado El Madrigal acogió partido de campanillas. Con dos de los mejores equipos del campeonato sobresalió la figura de Pervis Estupiñán. No es fácil que destaque un lateral izquierdo entre el resto de protagonistas, menos saliendo desde el banquillo, máxime en un partido de tal exigencia. Sin embargo, la entrada al verde del ecuatoriano le dio otro aire al Villarreal, teniendo más amplitud y profundidad, atacando mejor sin defender peor. Era el mismo Pervis que estuvo a préstamo en el Almería hace tres ejercicios por parte de un Watford que también lo cedió al Mallorca y Osasuna, traspasándolo en estío al Villarreal por casi 17 millones de euros. Buen precio para los ingleses sin llegar a vestir el zaguero su camiseta y buen precio para los valencianos, que se hicieron con uno de los mejores laterales del mercado. Y no es sencillo aseverar esto después de repasar su trayectoria en tierras almerienses. A pesar de ganarse el puesto, no llegó a jugar ni la mitad de partidos como titular (19), con Nano por delante. El malagueño, que no era precisamente una referencia... Incluso de lo que más se recuerda de Estupiñán con la rojiblanca fue su rifirrafe con su propia hinchada en Lugo, en ese agónico duelo de la última fecha.

El caso de Pervis es el de ese trabajador con condiciones que necesita estar en el lugar indicado en el tiempo exacto. Está claro que (excepciones aparte visto lo que ha pasado por Almería) sin cualidades no se llega a ningún lado. Pero en numerosas ocasiones incluso teniendo éstas se necesita el entorno adecuado para dar el máximo -¡que se lo pregunten a Messi!-, además de que el jefe confíe en uno para el puesto adecuado. A veces éste es tan malo que una mala colocación, ya sea en el fútbol o en el trabajo, hace que eche por tierra todo el potencial que tiene por delante y que no valora. Por eso es tan importante estar en el sitio y momento justo.

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