No son tiempos fáciles los que atravesamos en la actualidad, tampoco para el deporte y el voleibol en particular. Un voleibol en el que a nivel nacional la polémica ha estado servida en estos últimos días. La pasada semana Unicaja Costa de Almería debía enfrentarse a Teruel en el Moisés Ruiz, algo que finalmente no ocurrió por un positivo en las filas ahorradoras. Es más que obvio que nadie está exento de contraer el dichoso virus, es más que incuestionable. Pero lo que sí cuesta comprender es que el encuentro se le diera por perdido a los verdes sin llegar a jugarlo. Una decisión recogida en la reglamentación de la RFEVB para la presente temporada en caso escasez de fechas para su aplazamiento como pudiera ocurrir en el play off por el título o el trofeo copero. Una medida, sin duda, con la que pierde y mucho este deporte. Una medida que atenta contra la integridad de la competición, dando la posibilidad de que un trofeo o el pase a toda una final pueda decidirse en los despachos. Teruel está en su derecho de negarse a jugar, si bien no es de recibo que un equipo, en este caso Unicaja, pueda caer eliminado a causa de una derrota en la que no pudieran hacer nada por evitarla sobre la pista. Una nota negativa que, por desgracia, no sería la única que recibiría el club almeriense en los últimos días. El pasado lunes se producía la pérdida de todo un mito en el banquillo verde como Piero Molducci, quien había estado combatiendo una dura enfermedad hasta el último minuto. Una pérdida, la del italiano, irreparable ya no solo en el club ahorrador, sino también para el mundo del voleibol después de su largo bagaje por este deporte. Uno de los héroes de ese histórico triplete logrado en 2016 nos dejaba para siempre. Por Piero, a la final.

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