Stendhal, los 'mingafrías' y la ganadería

La UDA está atrapada, engullida en una encrucijada. Se debate entre el poder y el saber, una disyuntiva muy propia de los equipos que quieren recuperar su sitio en Primera. Guti lo tiene claro. El problema que aqueja a la plantilla no tiene que ver con su falta de calidad, sino con el carácter. Ha advertido este déficit,' mingafrías' que decía Clemente, antes que el nombre de sus discípulos. Él lo llama "personalidad", que queda más fino. La calidad se tiene o no se tiene, pero el carácter hay que mamarlo y es difícil de entrenar. Ya se sabe que se juega como se vive y como se es. Pero, con todo, está convencido que tiene jugadores para desplegar un buen juego. El fútbol es un deporte de especialista y la División de Plata es su máxima expresión. En Segunda, el juego es lo segundo y los equipos están clonados. "De diez cabezas, nueve embisten y una piensa", decía Antonio Machado, y es aplicable al caso. La categoría despacha partidos tácticos, de esos sólo aptos para entrenadores y de una calidad ramplona, una semana tras otra. La calidad se entiende por otros parámetros como la física y grupal, el orden y carácter. Guti tiene bajo su cargo a jugadores de clase, pero la Segunda requiere otra clase de jugadores. O, al menos, mitad y mitad. La versión de los "Zidanes y Pavones" que él tan bien conoce. Su cometido es otro y pasa por ganar y divertir. Y, de momento, ni una cosa ni la otra. Es pronto para sentenciar. Pero uno tiene el culo 'pelao' de ver estrellarse a entrenadores que desafían a la categoría con el "jogo bonito" y acaban jugando como todos. Vienen a corregir y caen atrapados por el 'Síndrome Stendhal'. Su mal es una versión corregida del que sufrió el novelista francés al que se le diagnosticó "sobredosis de belleza" tras una visita a Florencia por el derroche artístico de esta ciudad italiana.

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