Análisis

TEODORO LEÓN GROSS

Su Susanísima en Roma

La mot-clé de Susana Díaz en la campaña, la palabra clave que cataliza el sentido de su discurso, es "felicidad". También destacan "alegría" o "insulto", unida a "cenizos" y "gente de fuera", y por supuesto "Andalucía" con el signo +, estilemas de su estrategia retórica… pero entre todas se ha impuesto la felicidad. Es su palabra clave; y parece que funciona. Esto significa que es inteligente; aunque a la vez sea, claro, perfectamente impúdica. De ahí el desquiciamiento de la oposición. Que Susana Díaz adopte felicidad como mot-clé en un territorio donde el 40% de la población frisa el riesgo de pobreza, provoca sonrojo. Esa palabra con el paro en el 23%, triplicando la media europea, debería tenérsela un mandatario prohibida a sí mismo por decoro respetuoso. Y sobre todo el mandatario de una organización que rige un territorio hegemónicamente desde siempre.

Y sin embargo Su Susanísima entra en los mítines como Cleopatra en Roma. No se trata, claro, de que vaya precedida de clarines ofidios y mil esclavos estilo Versace, con traje de oro sobre un trono monumental llevada por costaleros nubios, y ni siquiera de que ella misma ironice sobre su humildad impostada, sino sencillamente porque parece una reina incontestable. La Reina del Sur. Ya ni siquiera se trata de arrogancia, sino suficiencia; esa aureola de que no hay más que ella. Va a ganar, y sobrevuela a los demás sin bajar más que lo justo al barro de las polémicas, desdeñándoles sus interpelaciones, de la corrupción al paro, de la presión fiscal a los rankings educativos. La peana desmoscópica es como el trono tipo Esfinge de Gizeh de Cleopatra para ser recibida en Roma con un entusiasmo semejante al electorado socialista ante el triunfo ya descontado. Debe de ser eso, al margen de la pobreza o el paro, lo que ella llama felicidad.

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