Análisis

Antonio Galindo

Vuelve Ken Follett para atraparnos con su magia

La precuela de Los Pilares de la tierra en las polémicas tanto sobre la calidad literaria de los best seller como en la validez de la ficción histórica

Ultimamente hay una tendencia de categorizar prácticamente todo aquello que se preste, y el mundo de la narrativa no se queda al margen de esta consideración. A grandes rasgos, por un lado estarían la tradición literaria más clásica que busca la reflexión sobre la condición humana estructurada en el lenguaje elaborado, la originalidad en las formas y en el fondo, con un estilo reconocible y provocador de sentimientos y emociones; mientras, que de forma antagónica habría una literatura popular, de mero entretenimiento, alejada de los recursos lingüísticos, con una prosa plana y que en el caso de los best seller se distinguiría por haber conseguido, generalmente por un gran marketing publicitario, ser un éxito de ventas. Como es lógico, ambos extremos dificultan analizar fríamente la dicotomía, ya que hay excelentes novelas y autores que destacan por ambos lados generando grandes obras que a la vez son consumidas por el gran público. 

 Y respecto a la novela histórica, las categorías estarían más ligadas al grado de realidad que se pretende manejar: desde las rígidas biografías noveladas pasando por el simple enclavado histórico de los personajes. En líneas generales toda novela histórica que se precie debe conllevar una gran sensación de verosimilitud, lo que conlleva una enorme documentación sobre el tiempo en el que transcurre, aunque como formuló Hemingway «En una novela sólo debe emerger la punta de la información: la mayor parte no se ve pero se intuye, sumergida». El admirado Umberto Eco precisa qué le llevó a escribir novelas basadas en hechos históricos: «Para mí, la novela histórica no es tanto una versión novelada de hechos reales como ficción que nos permite comprender mejor la auténtica historia».

 Y cuando se habla de novela histórica y de best seller, inmediatamente se asocia al nombre de Ken Follett (Cardiff, Gales; 1949), probablemente el autor más vendido del mundo en esa franja lectora, y que año tras año lidera ese particular ranking que además está jalonado por numerosos premios y reconocimientos internacionales. Sus comienzos como escritor datan de 1974 firmando sus novelas bajo seudónimo hasta que publica El ojo de la aguja (1978).

Sus primeras obras son novelas de suspense que alterna con las tramas históricas, consiguiendo el gran reconocimiento popular con la saga de Los pilares de la tierra (1989), Un mundo sin fin (2007) y Una columna de fuego (2017), una historia situada y en la Gran Bretaña feudal donde la construcción de una catedral sirve como telón de fondo para dramas familiares y guerras interminables, consiguiendo unas cifras de ventas que rompieron todas las previsiones editoriales. Si estas obras ya de por sí encumbraron a Follett, años más tarde fue publicando la trilogía The Century: La caída de los gigantes (2010), El invierno del mundo (2012) y El umbral de la eternidad (2014), narrando la historia de cinco familias de diferentes nacionalidades a lo largo de tres generaciones, entrelazando los principales acontecimientos del siglo XX.

 Su última obra, Las tinieblas y el alba (2020), está considerada como la precuela de los Pilares de la tierra, pero realmente no es así, en el sentido de que solo se enlaza la cronología de un territorio, no de unos personajes, que son totalmente independientes en esta novela. La acción se sitúa en el año 997, en Inglaterra, que sufre los ataques de los vikingos, y donde se van estructurando las distintas historias: un joven constructor de barcos, Edgar; una noble normanda, Ragna; un monje idealista, Aldred; y los hermanos del obispo Wyshtan.

La historia se desarrolla en torno a estos protagonistas, etiquetados desde un principio por Follett de una forma precisa e inequívoca, siguiendo los rasgos de sus novelas anteriores, donde los malvados sacan lo peor de ellos mismos, haciendo la vida imposible al resto de los atribulados habitantes de Shiring. En definitiva, un Follett totalmente reconocible en sus postulados formales, estéticos y literarios que seguro no defraudará a sus millones de lectores y que encontrarán en Las tinieblas y el alba un libro entretenido, ameno y pleno de acción.

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