Análisis

césar vargas

La duda del delantero

La apertura del mercado invernal ha activado en Almería mucho más a una afición ilusionada con ver a su equipo en la zona alta de la tabla que a una directiva poco ambiciosa que parece satisfacerse con vivir un año sin sobresaltos. Son muchos los hinchas que hacen sus proposiciones, pese a que Corona, con su siempre marcado tono institucional en consonancia con el mandamás de la entidad, insistió en que el club sería más espectador que protagonista en este enero. Saveljich o Eteki sí han mostrado ese afán por mirar hacia arriba en la tabla, y es cierto que para ello parece necesitarse un poco más de nivel en alguna demarcación de este gran bloque que ha conformado Fran Fernández. Dentro de las preferencias de la afición llama la atención una ambigüedad: la amplia mayoría reconoce estar contenta con Álvaro Giménez y, además, admite que le gusta Sekou como revulsivo. Sin embargo, casi todos quieren que el club se lance en busca de un delantero. Yo tengo dudas. Pese a que son varios los fallos de cara a gol que se le contabilizan al máximo goleador de la UDA, Álvaro es un fijo para Fran Fernández. Más allá: es fundamental en el juego de este equipo. El ilicitano participa más en la creación que cualquiera de sus compañeros de la medular, bajando a recibir el esférico, abriendo el juego, generando espacios y mostrando una capacidad a la hora de leer el fútbol que pocos delanteros de la categoría poseen. Sus movimientos han potenciado las llegadas al área rival de jugadores como Juan Carlos, sin duda el gran beneficiado de las características de Álvaro. La llegada de ese delantero de área con gol que muchos solicitan sería estéril. No tendría hueco en un equipo que vive de las galopadas de Juan Carlos y de la velocidad de los extremos gracias a los metros de campo que Álvaro les genera. Sekou o Caballero son unas segundas espadas que han asumido su rol y, de momento, lo respetan. Traer a un gran delantero que se vea como suplente podría generar problemas a un vestuario que, ahora mismo, es una balsa de aceite. Ya no son los goles de Álvaro. Es todo lo que genera.

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