Tras unos días frenéticos, de refrescar Twitter cada 30 segundos para ver si nos nutría de más y más y más noticias en torno a la UD Almería, por fin, ha vuelto la paz. Atrás quedan la alocada venta del club, la triste destitución de Óscar Fernández, las dignas dimisiones de Corona e Iban Andrés o la fría despedida de Alfonso García, acompañado por su junta directiva y por un sospechoso grupo de aficionados de los que pueden campar a sus anchas por la sala de prensa cuales periodistas acreditados.

Esta semana, también, se anunció la marcha de Álvaro Giménez al Birmingham, una baja que confirma lo que temíamos a finales de la pasada campaña: ha volado la columna vertebral al completo de este equipo. Cinco de los jugadores más importantes de la pasada campaña se han marchado. Saveljich, Eteki, Rioja, Juan Carlos y Álvaro ya son historia, y solo la llegada de Turki Al-Sheikh nos hace albergar esperanzas en que este equipo mejore al entrenado por Fran Fernández.

El excéntrico y ególatra jeque saudí tiene a los aficionados rojiblancos expectantes, a la espera de fichajes de relumbrón que, ni mucho menos, podrían llegar con Alfonso García. No solo porque la capacidad económica del murciano era infinitamente inferior a la de Turki Al-Sheikh, sino porque el empresario aguileño ni siquiera estaba ya interesado en gastar en su club lo poco que se iba ingresando con las ventas de futbolistas.

Ahora, con la holgada situación económica actual de la UD Almería, mazazos como el de Juan Carlos o Álvaro Giménez se asumen de otra manera. Solo queda ver qué perfil de jugadores firman Darío Drudi y compañía, pero lo que es cierto es que, lo que podría ser un profundo pesimismo ante el desvalijamiento del plantel, se ha tornado en altas expectativas ante lo que puede llegar. No está tan mal.

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