La riqueza es lujuria y la pobreza es escasez. Los focos se dirigen más a la primera que a la segunda. Mucho más. Gusta más. Luce y, sobre todo, hace que la gente no se haga preguntas incómodas para las élites. El Almería ha sufrido el cambio de una a otra. Hace unos meses, el club andaluz vagaba con mucha pena y poca gloria por la Segunda. Un décimo puesto cimentado en una plantilla justita y en un entrenador de la casa mal pagado fue lo máximo que pudo lograr la entidad en el último lustro. Por supuesto, nadie se hizo eco de ello. Y es lógico. ¿A quién le iban a interesar las andanzas de un mediocre club sureño? Tampoco parecía importarle a mucha gente que con Alfonso García la deuda superase los siete millones de euros y los impagos estuvieran a la orden del día. No, la pobreza es fea. No vende. Sin embargo, aterrizó Al-Sheikh y todo cambió. Llegó dinero a espuertas, fichajes de relumbrón e, incluso, el entrenador más mediático de la categoría. El equipo lleva meses en ascenso directo, con un presidente que se reúne con la élite del fútbol mundial y realiza unas excentricidades que mantienen al Almería en el primer plano mediático. Y los flashes arrojan luz, pero también generan sombras. Así, mientras degustamos caviar como la entrevista de Valdano a Guti en Movistar Plus, se cuelan cortezas más difíciles de digerir como esas informaciones contra la forma de actuar del club. Y no todas son ciertas, pero tampoco todas son falsas. Debemos estar alerta para que no nos la cuelen, pero sin ponernos una coraza y rechazar todo lo que no nos huela a perfume. Este Almería no es perfecto. Al-Sheikh tampoco. Ni sus formas. Ni su directiva. Ni su proyecto. Seamos coherentes. Cautos. Autoexigentes. Reflexivos. Y, al mismo tiempo, vivamos el presente. "La riqueza consiste más en el disfrute que en la posesión", escribió Aristóteles. Pues eso. Disfrutémosla. Pero siempre con perspectiva.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios