Siempre se ha dicho que algunos de los acuerdos políticos más suculentos de nuestro país se han forjado en el palco del Santiago Bernabéu como una forma de destacar la gran cantidad de personalidades que se dan cita en ese sector que actúa como club social para ricos. Si me lo permiten, y una vez que, seguramente, haya espantado a más de un madridista con este inicio del artículo, el dicho se podría extender a todo el fútbol, y no solo al coliseo blanco. Es llegar un partido importante y los encorbatados salen a flote. Así, por ejemplo, los estatutos de la RFEF dictaminan que en cada final de Copa los clubes participantes se reparten dos tercios de las entradas, mientras que el ente federativo se queda el otro tercio. El 33% de las plazas es destinado al organizador para repartirlo a su antojo. Casi nada. Este año, quizá por el poco interés de la final -todo lo que no sea Real Madrid o Barcelona espanta a esta gente-, la Federación, en un magnánimo gesto, ha decidido entregar hasta el 40% de las entradas a Betis y Valencia. Pero aquí no termina la criba, y es que ambos clubes se han reservado un 15% de las mismas -más de 3.000 cada uno- para sus cosas. Si el 20% de la Cartuja será para invitados de la Federación y 6.000 butacas pertenecerán a compromisos de ambos clubes, aproximadamente un tercio del aforo ha sido vetado al público general, al aficionado de a pie, al que se come un 0-0 en la jornada 14 o se va cabreado a casa tras palmar 0-2 contra el colista. Muchos de ellos no tendrán sitio en la que debería ser su fiesta. Y esto, cuando se puede asistir, porque tanto Betis como Valencia podrán ganar el año que viene una Supercopa de España, pero se celebrará a 6.500 kilómetros de distancia en un país que viola los derechos humanos. Cualquiera va. Así, que tu equipo llegue hoy a una final no es sinónimo de vivirla in situ. Antes, al menos, el aficionado solo estaba a merced del número de entradas de las que su club dispusiera. Ahora, también lo está de los caprichos de los de arriba. ¿Fútbol? Sí, claro. Pero no del aficionado.

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