Análisis

Francisco G. Luque Ramírez

El gol de Fran Oller

Hay goles que, pese a no ser decisivos en una victoria, aunque no den un título en bandeja e incluso aunque no puedan evitar una derrota, se quedan siempre grabados. Recuerdo cuando Gaizka Toquero marcó a los nueve minutos en la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona. Para muchos athleticzales fue la primera vez que celebrábamos un gol del equipo de nuestros amores en un duelo por la disputa directa de un trofeo importante. Allí estaba junto a mi buen amigo Juan Ramón Escánez, en Valencia, abrazados y gritando de alegría como nunca antes por ver a nuestro Athletic Club de Bilbao por delante del todopoderoso FC Barcelona. Por desgracia para nosotros, los leones perdieron la final por 1-4, pero siempre nos sentiremos campeones por esos minutos vividos. Ese tanto siempre sonará en nuestra memoria. Y es que el fútbol, a veces, sin necesidad de lograr grandes gestas, te obsequia con esos destellos de gloria, los que te dejan huella independientemente de como quede el partido tras pitar su conclusión el colegiado. El pasado domingo, en el derbi en Viator entre el Poli Almería y la UD Almería B, pude notar en las miradas y en los gestos de decenas de seguidores del conjunto local, que iban perdiendo 0-2 desde el minuto 4, que también notaron lo que mi amigo y yo una década antes junto al Turia. Corría el minuto 27 cuando Fran Oller sorprendió al guardameta Jero con un disparo lejano, poniendo el 1-2 con el que se fue posteriormente el choque al descanso. El centrocampista cantoriano, que es uno de esos futbolistas a los que gusta ver con la pelota, por como la mima, fue el destello imborrable para la memoria de los numerosos fieles del histórico equipo de pantalón azul que, aunque no pudieron sumar ante un grandísimo filial (que ganaría por 1-3), se mantuvieron siempre vivos durante el encuentro. El gol de Oller no dio tres puntos, de hecho no dio ni uno, no otorgó un título a su equipo, pero dio a sus compañeros y, sobre todo, a sus seguidores, algo mucho más importante: esperanza. En ese minuto 27 de la primera parte, seguido del festejo en la grada, quedó resumida la esencia del fútbol.

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