Pocas cosas tan evidentes suelen tener tantas carencias científicas como las dinámicas. Son inexplicables, por mucho que las tengamos ante nuestras narices. Esas que hacen que, cuando las cosas van rodadas, tu rival sea capaz de fallar un plácido disparo a puerta vacía mientras tú conviertes en oro todo lo que tocas y que, cuando todo se tuerce, haya situaciones caóticas como que tus tres delanteros causen baja por diferentes motivos. Eso es el fútbol y, más concretamente, la UD Almería. Dinámicas.

Las adversidades que están afrontando los de Rubi, sin embargo, no se acompañan de sensaciones negativas. Tanto ante Cartagena como contra el Elche se vio a un equipo compacto, con las ideas claras y, sobre todo, comprometido. Los jugadores se vaciaron tratando de hacer que nadie se diera cuenta de que faltaba buena parte del plantel. Fue el tratar de hacer vida normal, como si nada sucediese. Pero sí ocurría algo. Sobre todo, arriba, donde más se palparon las carencias. Sin Sadiq, sin Sousa, sin Villar, sin Ramazani y hasta sin Lazo, contra el conjunto murciano se hizo el partido cuesta arriba. Contra el Elche ya sí pudimos disfrutar de Largie, pero Rubi no quiso forzarlo de más y la salida de Dyego, con su posterior lesión, nos privó de un referente arriba.

Pero son esta imagen y este afán por hacer como que nada ocurre lo que nos hace confiar en los de Rubi. Sus pupilos creen en la idea de juego y confían en lo que hacen. Por eso, y pese a las más que probables bajas atacantes para el duelo en Gran Canaria, el partido no se atisba tan aterrador como podría ser. Con Appiah entonándose, Portillo mandando, Pozo fresco, Robertone rodado, Curro disponible o, incluso, Gilbert llamando a la puerta, alguna entrará si se hacen bien las cosas. Aunque sea por insistencia. Y luego está Largie, claro. Pero ese ni siquiera necesita ocasiones de gol. Ya se busca él la vida.

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