Análisis

chema fernández

Un punto de doce, ¿no es para estar preocupado?

Me cuesta creer que después de haber cedido el liderato tras caer en el Mediterráneo ante el Éibar no haya preocupación en el vestuario y en el entorno rojiblanco, por mucho que Rubi se empeñe en decir que están tranquilos. Haber perdido esa ventaja con tus perseguidores, ventaja considerable, en apenas un mes de competición, es como para que a más de uno le quite el sueño.

Rubí quiere transmitir tranquilidad, como que no pasa nada, pero no es así. Haber sumado solo un punto de doce posibles es como dar muestras de debilidad, de una debilidad que antes no existía y si existía, no la veíamos.

El equipo es cierto que tiene posesión, altísima en todos los partidos pero, ¿para qué quiere en balón si no termina llevándolo al fondo de la portería contraria? El equipo, seamos realistas, ha perdido solidez defensiva. Por los motivos que sean, el equipo no es tan fuerte y poderoso en su área. De un tiempo a esta parte encaja muchos goles, muchos de ellos evitables y que seguramente habrán repasado en video muchas veces, pero sigue Rubi sin dar con la fórmula mágica para acabar con esa sangría goleadora que le está privando de sumar puntos, hasta el extremo de que esa desastrosa racha ha alimentado las ilusiones del pelotón de perseguidores que han visto que ese Almería tan poderos y casi invencible, está cediendo terreno hasta ceder incluso el liderato de la categoría.

¿Qué no hay nervios en el entorno? Mucho me temo que sí, porque las exigencias son máximas para este equipo y aunque en el horizonte sigue estando ese ansiado objetivo del que Rubi no quiere ni oír, aunque sus jugadores no se cansen de repetirlo, porque no hay otro, el hecho de haber perdido el liderato del grupo ha tenido que doler muchísimo, y más haberlo hecho ante un directo rival y ante tu público, un público que se marchó antes de que acabara el partido.

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