Rafael Salgueiro

Profesor de Economía en la Universidad de Sevilla

Una mujer al frente de Inditex

El autor reflexiona sobre la oportunidad perdida de que ciertos poderes no hayan enfatizado la importancia que la empresa de mayor capitalización española tenga una presidenta

EL futuro relevo en la presidencia de Inditex, comunicado a la CNMV el pasado día 30 de noviembre, ha despertado no pocos comentarios de muy diverso tipo, y se ha destacado la bajada de la cotización de la acción en la bolsa de Madrid. Creo que merece la pena detenerse en algunos aspectos relacionados con este relevo. Comenzado por el valor de las acciones, que según algunos titulares parece poco menos que profundamente dañado, baste decir que el pasado viernes se ha situado en el mismo nivel que a mediados de julio de este año y que venía decayendo semanas antes del anuncio, con lo cual no parece muy sensato tomar la disminución de dicho precio como exponente de temor de los accionistas ante los cambios en la cúpula de Inditex. Ello además de que el principal perjudicado es, obviamente, el fundador de la compañía y accionista mayoritario, con lo que cabe suponer que el posible impacto en el precio de la acción haya sido tomado en consideración.

Este hecho puede entenderse como la culminación de un proceso de relevo generacional iniciado hace ya bastantes años y que se tendría que producir en algún momento. Pero estas cosas, en una empresa cotizada, han de gestarse con discreción y han de ser ejecutadas con rapidez, sin dejar lugar a vacíos o a especulaciones sobre el futuro. Es posible que se hayan producido disensos entre el accionista mayoritario y el actual presidente ejecutivo o una situación sobrevenida que hayan hecho oportuno el anuncio, así como realizar cambios en el consejo de administración y en el comité de dirección. En todo caso el actual presidente, reputado como uno de los mejores ejecutivos del mundo, mantiene sus funciones hasta el 31 de marzo de 2022, si bien ha sido nombrado un nuevo consejero delegado con efectos inmediatos. Además, se ha integrado un comité de dirección en la estructura organizativa de la empresa, compuesto por actuales directivos. Los cambios son de calado y es seguro que estaban meditados y previstos. Probablemente respondan a una reorientación de algunos aspectos de la empresa que ya conoceremos, pero la discreción y la ausencia de rumores previos a esta profunda reestructuración directiva han sido todo un ejemplo de buen hacer

Los accionistas habrán de refrendar los nombramientos de nuevos consejeros, lo cual matiza algún comentario del tipo: “el primer principio de una empresa familiar es que donde manda patrón no manda marinero”. El nombramiento de los miembros del consejo de administración es competencia de la junta general de accionistas, según la ley de sociedades de capital. Pero su artículo 244 contiene una excepción para las sociedades anónimas: el procedimiento de cooptación, que permite cubrir las vacantes que se produjesen (en este caso ha sido por renuncia) designando nuevos consejeros entre los accionistas si no existiesen suplentes, y hasta que se reúna la primera junta general.

No deja de ser significativo que la próxima presidenta no tendrá facultades ejecutivas, sino que se asignarán al nuevo consejero delegado. Precisamente, una de las muchas razones del éxito de Inditex ha sido la profesionalización de los puestos directivos desde hace mucho tiempo. Esta empresa ha tenido la inteligencia y los recursos para atraer a sus puestos directivos a personas de acreditado gran talento profesional. Vale decir que es una empresa familiar porque sus principales accionistas forman parte de la familia, pero es cualquier cosa menos un “refugio laboral de familiares”.

Uno de los comentarios críticos que se han hecho públicos ha sido el del dirigente de Más País (Más Madrid tendría que pasar a llamarse Más Provincia, por coherencia), que ha publicado eso de que la “meritocracia son los padres”. Imagino que como buen “dedochancla” no se habría detenido ni un minuto en conocer la biografía y experiencia profesional de la futura presidenta, ni tampoco en el alcance de su nombramiento sin facultades ejecutivas. No ha faltado tampoco el mensaje de su antiguo partido: “No es heredera de Inditex por haber trabajado de dependienta, lo es por ser hija de.” (sic). Al margen de que hace mucho tiempo que desempeñaba funciones bastante más complejas, la señora Ortega es, claro está, heredera del accionista mayoritario salvo que renuncie a la herencia. Pero es que el actual presidente u otro no familiar tampoco serían los herederos, aunque en no pocos directivos de empresas familiares tienden a comportarse como si lo fuesen. Tal parece que a esa izquierda le haya entrado una repentina exigencia de meritocracia para acceder a un puesto destacado; siempre que sea en una empresa privada, claro está. Sin embargo, para ocupar un puesto público notable les resultan bastantes la afinidad, el colegueo, o ser “pareja de”. Lo cierto es que la formación de la futura presidenta de Inditex e incluso su experiencia laboral son bastante más sólidas que las de cualquiera de los ministros y secretarios de estado designados por Podemos, excepción hecha de mi comandante en jefe: el ministro de Universidades, y aún son superiores a los de algunos ministros que han pasado o están en la bancada socialista. Se conoce que a este colectivo le ilumina el Espíritu Santo para el desempeño puestos de responsabilidad pública. Creo que estos críticos no han reparado en que el lugar adecuado para mostrar su descuerdo es la próxima junta general que se celebre, lo cual es muy fácil: basta con adquirir las acciones necesarias para tener derecho a participar. Y es que son los accionistas quienes tienen que mostrar su acuerdo o desagrado con las decisiones que haya tomado el consejo, no unos representantes políticos siempre ávidos de notoriedad.

Es malo que en una economía de mercado, como lo es la española, haya dirigentes políticos ignorantes de la importancia, la utilidad y el significado del derecho de propiedad, y desconocedores de la complejidad de la relación entre el principal y el agente, al menos los aspectos más básicos de la teoría de la agencia. Pero peor es, a mi modo de ver, que se demuestre una vez más que el feminismo de algunos y de algunas no es más que una fachada. Esta era una gran ocasión para haber saludado que una mujer se encuentre al frente de una gran compañía española, precisamente la de mayor capitalización bursátil y líder mundial en su actividad. Y para celebrar también que uno de sus focos de atención vaya a ser el progreso hacia la sostenibilidad (ya lo venía siendo en sus actuales funciones), tal como se recogía en la entrevista publicada por Wall Street Journal a finales de agosto, significativamente titulada “Por qué Marta Ortega Pérez es el secreto del éxito de Inditex”.

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