Acción de gracias

Los premios son, en ocasiones, una señal inequívoca para cambiar de rumbo en la vida

Decía nuestro Juan Goytisolo que "cuando me conceden un premio pienso que algo estoy haciendo mal". Los premios son, en ocasiones, una señal inequívoca para cambiar de rumbo en la vida. Para los que a veces nos identificamos con su aserto, recibir una distinción y aceptarla conlleva la inevitable reflexión sobre la oportunidad y el futuro. En mi caso, tras la procedente meditación, he concluido que este reconocimiento supone una afortunada anomalía en la tónica general de los premios institucionales. Por lo general, se conceden éstos a gentes que ya no los necesitan, pues tras cerrar con laureles su ciclo vital y profesional, es su prestigio el que llama a la oportunidad del galardón y no al revés. En este sentido, mostré mi asombro al Presidente de la Diputación cuando me llamó para comunicarme la noticia, haciéndole notar que yo era aún persona a medio hacer, con vida y obra en pleno proceso y transformación. Su concluyente respuesta me animó a la aceptación y al agradecimiento. Podría decirse que, en ocasiones, un premio de esta naturaleza cumple una verdadera función de utilidad, y yo quiero pensar que esta es una de ellas. Una utilidad que, en este caso, no sólo sirve al reconocido, se hace extensible al conjunto de nuestra tierra. Me explicaré. Como artista, hubiese preferido que la distinción se fundamentara solo en los méritos de mi obra, pero, inevitablemente, es obvio que ha pesado igualmente el desarrollo del proyecto cultural y museístico que, casi en solitario, inicié hace veinte años y hoy, afortunadamente, pertenece a la sociedad en su conjunto. En el camino he contado con el trabajo y esfuerzo de personas muy valiosas que han engrandecido una idea sobrada de ilusión y necesitada de todos los apoyos. Por eso me gusta el fondo del premio. Agradezco que venga, precisamente, de la institución provincial, la única que ha apoyado el proyecto en los últimos años. Lo extiendo por ello a mi familia, a los trabajadores de la Fundación y a los artistas que, como Antonio López y Pérez Siquier, han creído en el proyecto. A todos se lo ofrezco agradecido. Espero que podamos culminar nuestra empresa cultural más pronto que tarde. Fuerza y ganas de luchar no nos faltan, hasta el final. Como en las Pasiones de Bach, la vida no es más que la representación de un drama. De un drama verdadero.

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