Carta del Director/Luz de cobre

Aeropuerto Antonio de Torres

Llamar Antonio de Torres al aeropuerto de El Alquián es una de las iniciativas de mayor calado de la legislatura

Quien recuerda a sus personajes históricos, a aquellos que han llevado tu pueblo o tu ciudad por el mundo, merecen todo mi reconocimiento. Mantener en la memoria a quienes nos precedieron nos honra como ciudadanos y nos eleva en la escala de valores hasta la cima.

Digo esto tras aprobarse en el Pleno del Ayuntamiento, por unanimidad, que el aeropuerto pase a denominarse Antonio de Torres. Considerado como el padre de la guitarra actual, supone un espaldarazo a una de las personas que más huella ha dejado y con más durabilidad en el tiempo de cuantos han nacido en la capital.

Con seguridad, no me equivoco, que la iniciativa servirá para que aquellos que nos visiten puedan identificarlo nada más tomar tierra. Antonio de Torres es, posiblemente, más conocido fuera de nuestras fronteras que en su patria chica. Bien es verdad que en los últimos años un buen número de historiadores y cronistas de la ciudad, entre ellos Antonio Sevillano, han trabajado con denuedo y sin descanso para contribuir al rescate de una figura de relevancia internacional, olvidada por muchos, más de los necesarios, y acomodada en uno de esos baúles para recuerdos que solemos instalar en el desván. Recuerdos que de vez en cuando, cuando la nostalgia y el paso de los años nos invade, buscamos en la creencia de que fueron mejores, cuando la realidad es que sólo permanece lo bueno instalado en la memoria. De ahí el concepto tan positivista que nos inunda de esos tiempos pretéritos. Desconozco si emulando o no a Barajas que ahora se llama Adolfo Suárez o al inconcluso aeropuerto de Berlín, dedicado a Willy Brandt, ambos grandes dirigentes políticos español y alemán, lo cierto es que la iniciativa que se defendía en la sesión plenaria del lunes es, bajo mi punto de vista, una de las de mayor calado de la actual legislatura. Algunos pueden pensar que no deja de ser un detalle con el padre de la actual guitarra, y hasta es posible que no les falte razón y no se pueda comparar, por ejemplo, con los nuevos accesos a la Alcazaba o la idea del puerto-ciudad. Grandes obras, sin duda, pero un detalle como este quedará recogido para la historia de la ciudad en los libros que se escriban a partir de ahora. Y aquellos que los lean, nuestros nietos o bisnietos, con certeza acudirán a las hemerotecas de su tiempo, comprenderán y pondrán en valor no sólo la iniciativa, sino a la figura que honrará a la ciudad y a su aeródromo en el futuro.

Los millones de personas que entrarán a la provincia por el aeropuerto Antonio de Torres, o una buena parte de ellos, nada más tomar tierra buscarán en Google su nombre, lo admirarán y en sus cerebros sonarán los acordes de cualquiera de sus guitarras rasgada por las manos de los mejores que las han tocado. Imaginen las notas y deléitense.

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