Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Agotamiento

La misma capacidad de adaptación que demuestra el virus la tendremos que desarollar nosostros

El virus maldito debe haber atesorado en estos dos últimos años, desde que hizo su aparición en un oscuro mercado de la China profunda, un preciso conocimiento del alma humana y está dispuesto a ganarnos por agotamiento. La sexta ola nos pilla con el ánimo bajo. El bicho sabe que estamos tan cansados de él y de sus consecuencias que, como mecanismo de defensa, vamos a empezar a considerarlo como una parte más del paisaje. Estamos condenados a convivir con él por tiempo indefinido. Eso es, al final, la nueva normalidad de la que alardeaba no hace tanto el presidente Sánchez en sus homilías nacionales y el presidente Moreno en las regionales. No soy virólogo ni aficionado a la materia, pero supongo que la capacidad de adaptación es una de las características que le permiten a un virus desarrollar variantes y multiplicarse, que es su único objetivo. Hoy no nos dan ningún miedo microorganismos que hace unas cuantas décadas o unos cuantos siglos significaban muerte y desolación. El coronavirus que ahora nos acongoja está demostrando en esta sexta ola que le sale más rentable infestarnos sin matarnos. Así es capaz de lograr tasas tan altas de contagios que ya nos estamos planteando cosas que hace solo unos meses ni estaban en el debate, como eliminar las cuarentenas o considerar que los casos leves no son incapacitantes para trabajar o viajar.

Esa misma capacidad de adaptación tendremos que demostrarla nosotros. La vacunación periódica y el cambio de usos sociales han llegado para quedarse. La mascarilla se va a convertir en un elemento de uso habitual, las efusiones y besuqueos desparecerán fuera del ámbito de los más íntimos, la distancia en los lugares de trabajo, en actos sociales y espectáculos habrá que vigilarla… y así iremos cambiando pautas de comportamiento hasta normalizarlas. Hoy nos preguntamos cómo era posible que considerásemos normal hace solo unos años fumar en los aviones o en los restaurantes. Muy pronto nos preguntaremos cómo considerábamos normal saludar con dos besos a una mujer que nos acababan de presentar.

De lo que nos tendremos que olvidar, por lo menos en el corto plazo, es de recuperar nuestra vida de antes como si nada hubiese pasado. El impacto del coronavirus seguirá estando presente en nuestra vida económica y social y también en la particular durante mucho tiempo. Pero nuestra capacidad de adaptación hará que sus efectos se vayan difuminando poco a poco. Por puro agotamiento, nuestro más que de él.

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