La Resistencia

Luz Belinda Rodríguez

Parlamentaria andaluza por Almería

Ahorrar políticos sin recortar la democracia

Si el único propósito de la reforma era ahorrar dinero en salarios de políticos bastaba con haber reducido a la mitad el salario de sus señorías

Italia ha aprobado en referéndum una reforma constitucional por la que se reducirá el número de parlamentarios de los 945 actuales, entre diputados y senadores, a 600. La reforma se presentó como una forma de ahorro en un momento de intensa crisis económica.

Era difícil oponerse a dicha argumentación. Instintivamente, casi todos los ciudadanos apoyarían medidas encaminadas a reducir los privilegios de un colectivo, el de los políticos profesionales, a los que perciben como una casta al margen de los padecimientos populares. Pero el efecto político colateral será un considerable refuerzo de los grupos políticos mayoritarios en detrimento de los partidos minoritarios. Al reducirse el número de escaños el acceso a las instituciones de nuevos partidos se verá enormemente dificultado. Así que, esas élites a las que el votante pretendía castigar quitándoles una porción de la tarta, en realidad disfrutarán desde ahora de un porcentaje de pastel aún mayor. Será aún más complejo quitarles los privilegios. Ellos llamarán a eso "reforzar la estabilidad del país". Si el único propósito de la reforma era ahorrar dinero en salarios de políticos bastaba con haber reducido a la mitad el salario de sus señorías y el importe de las subvenciones a los partidos y los grupos parlamentarios. Pero el objetivo no confesado de la reforma, seguramente, era el otro. Impedir el acceso de nuevos actores políticos.

Importando el debate a España ¿hay algún modo de ahorrar costes políticos sin recortar -aún más- la democracia. Y tanto. Podríamos cerrar, por lo pronto, los 17 parlamentos autonómicos y el Senado, que nadie sabe para qué sirve salvo como cementerio de elefantes de los partidos. Solo el Parlamento de Andalucía cuesta a los andaluces más de 36 millones cada año. Alguno objetará que cerrar parlamentos no parece muy democrático. Al contrario. Una única cámara de representantes a nivel nacional reforzaría la soberanía nacional, hoy prácticamente diluida entre las autonomías y las instituciones europeas. Si a estos cierres le sumamos una reducción drástica de las subvenciones a partidos, sindicatos, patronales y ONG que no justifican su utilidad, seríamos los campeones en el ahorro. No es casual que la deuda pública se haya disparado exponencialmente desde 1978 y hasta la actualidad. Es hora de meterle mano a este asunto y dejar de meterla en el bolsillo de los españoles.

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