A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

Alsina a las ocho

Nos impresionó escuchar a Tezanos en Onda Cero. El hombre andaba preocupado por nuestro bienestar

Esta semana celebramos el día del libro. De ese asunto debería ir nuestro artículo. Pero este año está claro que todo va siempre por otros caminos. Las noticias siguen girando en torno a nuestra cabeza y uno necesita sacudírselas aunque sea con un comentario. Nos impresionó escuchar a Tezanos en Onda Cero. El hombre andaba preocupado por nuestro bienestar. Las noticias que oímos no favorecen el clima social, parece que perturban nuestra serenidad. Y recomendaba la información oficial, fiable, la de todos. Al oírlo, uno sentía la necesidad de mirar por la ventana. No era ya la sensación tan habitual en estos días de que el tiempo se ha detenido, sino la de haber retrocedido 50 años de golpe. Parecía como si Franco, una vez en Madrid, hubiera decidido salir a dar una vuelta y el hombre nos recomendara paternalmente que no nos metiéramos en política y que no perdiéramos el sueño con esas noticias que empiezan a deshora diciendo 'ici Paris'.

Ni Tezanos ni el Ministerio de Interior deberían estar preocupados. Lo que es tranquilidad no falta. Cada día vemos la misma postal desde la terraza. Hemos aprendido a distinguir si hay un coche nuevo aparcado en la calle y a comentar con apasionamiento si esta tarde se ven más o menos palomas que ayer. Tenemos tanta calma social que entendemos como nunca el romance del prisionero: 'Matómela un ballestero,/ déle Dios mal galardón'.

No todo son disgustos. En ese mismo programa, un poco antes, la voz de Alsina emprende un Monólogo e introduce un poco de aire fresco en las casas cerradas. Nos había llamado la atención hace muchos años, a otras horas, cuando recordaba el día de las enfermedades raras. Lo de ahora es aún más difícil. Hay que mezclar las voces individuales con el sentimiento común de quienes andan perdidos en el mismo laberinto. La voz, la entonación tiene que dar a cada individuo su sitio y conseguir que resuene, al mismo tiempo, en la experiencia de todos. No hay conformismo ni tributos a falsos heroísmos. Queda claro que cada uno hace lo que puede para salir adelante en esta situación. No es poco. Y no hay tampoco improperios ni hacen falta. A estas alturas, los oyentes saben ya que un comentario crítico del director vale por muchas horas de mítines y de insultos. Si alguien callara su voz,/ déle Dios mal galardón.

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