La tapia del manicomio

Arreglando carreteras

Que hay que protestar contra el cáncer o el coronavirus, se monta un carrera y… se cortan carreteras y calles del centro

A nuestra modesto e ignaro entender, los numerosos reivindicadores suelen errar el objetivo de sus protestas. Protesten de lo que protesten, todos acaban jodiendo al ciudadano en lugar de al objeto real de sus reclamaciones. El sistema más socorrido es cortar las carreteras y las calles, especialmente las del centro de las ciudades. Rara astucia: saben que donde hay más gente más incordian. Que los precios de los productos agrícolas están bajos y los intermediarios se forran, pues se cortan las carreteras. Que se conmemora "La desbandá", se cortan carreteras, el Parque y el Paseo de Almería. Que hay que protestar contra el cáncer o el coronavirus, se monta un carrera y… se cortan carreteras y calles del centro. Que se cae medio cerro del Cañarete, se corta la carretera (en este caso de forma autónoma) y se programan otros cortes reivindicativos por si el natural no es suficiente. ¿Por qué no le echan imaginación al asunto y buscan la forma de atacar al causante de sus desdichas?. Los vecinos del centro y los conductores no son culpables de que el cáncer se haya generalizado o que los virus campen por sus respetos, ni de que aparezcan nuevos cada cierto tiempo. Los vecinos del centro y los conductores no tienen la culpa de que aviones y barcos del fascismo masacraran impunemente a ciudadanos indefensos que huían a pie desde Málaga (y menos mal que no coincidió la desbandá con ningún corte de carreteras gremial). Los vecinos del centro y los conductores no tienen la culpa de que se hundan los precios del aceite, de las frutas, de las hortalizas y hasta de las almendras.

Y sin contar con los cortes habituales del centro (en sentido amplio) de las ciudades ocasionados por las múltiples procesiones de Semana Santa, Rocíos varios o los no menos variados patrones y patronas, con romería o sin ella. Aunque en estos casos no tenemos claro cuál es la "reivindicación", salvo que sea para incordiar a protestantes, herejes y ateos. Además, naturalmente, a ciudadanos del centro y conductores en general.

Falta imaginación, insistimos. Por ejemplo, el otro día un agricultor abogaba por destruir productos para mantener los precios, y una periodista le dijo que por qué no los regalaban a los consumidores. "Porque se acostumbran mal". Pero, adujo ella, así los compradores no irían esos días al super y se joderían los vendedores, intermediarios y mayoristas, que son los culpables de sus cuitas. Pero no, es mejor cortar autovías.

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