Utopías posibles

Luis Ibáñez

Profesor

Arte y transgresión

Donde no llega la razón, llega el arte, que a veces nos conmueve, nos enfada, nos emociona, nos entretiene

París, año 1314. Sale a la luz el Roman de Fauvel. Es un poema musical que cuenta la historia de un sacerdote representado por un caballo y que, gracias a la Diosa Fortuna, se apropia de la casa de su amo. El propio nombre de Fauvel está formado por las iniciales (en francés) de seis pecados capitales. España, año 2018. El dibujante Ángel Idígoras se ve obligado a borrar un mural callejero porque contiene una frase supuestamente machista. La frase es del poeta Vicente Aleixandre, y dice: "la memoria de un hombre está en sus besos". Ante la avalancha de críticas, el propio autor ha decidido eliminar la obra.

¿Se imaginan ustedes el impacto que el Roman de Fauvel debió tener en su tiempo? Y ahí está, no se destruyó (afortunadamente, opinamos algunos). Sin embargo, un mural bellísimo en una pared bautizada como "la esquina de los besos", es destruido por la nueva censura ideológica de nuestros días. Creo que nos falta mucho por avanzar como sociedad, y mucha educación artística. Claro, que no es de extrañar cuando desde siempre nuestro sistema educativo ha considerado que quien vale para estudiar debe hacer cosas "útiles" como ciencias, empresariales, derecho… Como si Beethoven, Van Gogh, Paco de Lucía o Andy Warhol fueran unos completos inútiles que no servían para absolutamente nada, y no les quedó más remedio que dedicarse al arte. El arte es ante todo, creatividad, imaginación en estado puro. Es la manera más pura que tenemos los seres humanos de encontrar caminos hasta entonces inexplorados para el pensamiento. Donde no llega la razón, llega el arte, que a veces nos conmueve, nos enfada, nos emociona, nos entretiene… pero en todo caso, nos muestra todos los mundos posibles que el alma humana puede alcanzar, que son infinitos. Cada vez que se pierde o se censura una obra de arte, desaparece un camino para el pensamiento, una válvula de escape, una posibilidad para la humanidad. Es imprescindible, en este sentido, vacunar a nuestros jóvenes contra todo tipo de censura, aclarando dónde termina la realidad y dónde empieza el arte, siendo críticos con ambas cosas, pero entendiendo que el arte no puede estar sometido a la misma vara de medir que los asuntos mundanos. La auténtica liberación humana no llegará a través de un tratado de ingeniería, política o ciencias (tal vez haya demasiados), sino a través de los insospechados caminos que nos plantea el arte.

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