El callejón del gato

Ataque a la democracia

Las imágenes del asalto al Capitolio que vimos la semana pasada van a ser difíciles de olvidar

Las imágenes del asalto al Capitolio que vimos la semana pasada van a ser difíciles de olvidar y lo único que se les ocurre a los partidos de la derecha es equiparar las escenas violentas que se vivieron en Washington, con una manifestación de Podemos rodeando el Congreso de los Diputados en el año 2016. Si con ello intentan demonizar al gobierno de coalición, también podemos considerar, desde otro punto de vista, que tratan de minimizar la gravedad de lo acaecido en EE.UU., equiparando una brutal invasión en el Capitolio con cinco muertos, con una manifestación en plena calle de la que, al día de hoy, no consigo acordarme. Pero, en fin, ya estamos acostumbrados a una derecha que marca el paso a peñón fijo y, un terremoto que hubiera, lo convertirían en un motivo para lanzar dardos contra el gobierno. Al margen de semejantes valoraciones, lo más preocupante es que en un estado donde la democracia cuenta con siglos de historia, se haya visto atacada por un grupo de facciosos, alimentados por la persona que hace cuatro años alcanzó la presidencia valiéndose, precisamente, de unas elecciones democráticas. Donald Trump, cuyapresidencia obtuvo con menos votos que Hillary Clipton, favorecido por el sistema establecido en EEUU, sin que nadie cuestionara su triunfo, hoy no admite el resultado de las elecciones que dan la victoria a su adversario Joe Biden. El mayor peligro de las democracias son los ataques que reciben de quienes la utilizan para destruirla y Donald Trump, desde el poder que ostenta, no ha parado de alimentar veneno en las filas de sus seguidores incondicionales. Con ello, Donald Trump y sus huestes, no se enfrentan a su adversario político, sino al sistema democrático. Así lo han visto muchos republicanos que han denunciado su comportamiento, aunque, a mi parecer, demasiado tarde. Lo esencial de las democracias es la convivencia de partidos políticos de distintas ideologías bajo el imperio de la ley. Y es muy sano que los partidos de la oposición practiquen una crítica constructiva al gobierno de turno. Pero una cosa es hacer oposición al gobierno y otra manipular a la opinión pública con argumentos antidemocráticos que pueden dar lugar al deterioro de la democracia. Cuando se cuestiona la legitimidad de un gobierno establecido conforme a lo previsto en la Constitución, no se está atacando a dicho gobierno, sino al sistema democrático. Ya podemos tomar nota en España.

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