Aylan y Valería

Otra imagen simbólica que desconcierta hasta que el recuerdo mengüe o se hagan normales las tragedias

Han pasado casi cuatro años desde que, en los primeros días de septiembre de 2015, Aylan Kurdi, niño de origen kurdo, de tres años de edad, apareció ahogado en una playa de Turquía, cuando iba en un bote con destino a Grecia y también fallecieron un hermano y su madre? Pues sí, con una pesadumbre funesta, el padre de Aylan enterró a toda su familia hace poco menos de cuatro años y la fotografía de su hijo, bocabajo en la arena, dormido en la trágica pesadilla de la muerte, conmovió mundialmente las conciencias y acaso el recuerdo evite la segunda, y se diría que más definitiva, muerte del olvido. O sea otro negro infortunio, acontecido en similares condiciones de desesperanza, el que ponga una nueva imagen en el álbum de las desgracias inquietantes. Como la pequeña Valeria, de veintiún meses, con el brazo sobre el cuello de su padre, Óscar, salvadoreño de 25 años, unida a él debajo de su camiseta, ahogados los dos cuan-do ambos y la madre pretendían cruzar el Río Bravo, el domingo pasado, en la frontera entre México y Estados Unidos. Solo ha sobrevivido Tania, esposa y madre, que habrá de enterrar asimismo a toda su familia porque la desesperación llevó al arrojo y este a un desenlace fatídico. Ya Valeria en la otra orilla del río, el padre vuelto para recoger a la madre y la hija que se echa al cauce porque no quería quedarse sola. Otra imagen simbólica que desconcierta y recuerda las penalidades de legiones de migrantes en su trasiego por los extrarradios del mundo. Como tan-tas y tantas otras, menos difundidas pero de pesadumbre igualmente mayúscula, porque, la misma jornada en que los infantiles días de Valeria quedaron truncados por la sinrazón de su muerte, se encontraron tres niños y una mujer que llevaban varios días muertos, por el calor asfixiante, en un desierto de Texas. En el poco tiempo que media entre la conmoción y el olvido, o antes que opere el perverso efec-to de la normalización -aceptar como estables y normales las desgracias extraordinarias que sobresaltan en la sobremesa de los telediarios-, volverán a ser proclamados derechos universa-les, condenadas las mafias que acrecientan la migración clandestina y quedarán en entredicho, por controversias no pocas veces banderizas, las políticas nacionales. Pero Valeria, como hace cinco años Aylan, como cada día un sinnúmero de anónimas desgracias, deberían señalar y atribuir, también un día detrás de otro, la injusticia y su reparación.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios