El nombre de las cosas importa, casi tanto como la razón por que con ese nombre se las bautiza. De ahí que el director de la Real Academia Española sostenga, ante la última actualización del Diccionario de la lengua española, con 2557 novedades, que no se inventan palabras, sino que los académicos hacen de testigos y notarios a fin de incluir las palabras de las que se valen los hispanohablantes para expresarse y que acaban aceptadas por el uso.

Es comprensible que la crisis sanitaria provocada por una pandemia mundial justifique la incorporación de nuevos términos o de acepciones, como es el caso de coronavirus, confinar, desconfinar, desescalada, retrovirales, seroprevalencia, cuarentenar, encuarentenar o desestacionalizar. Y en esta familia de términos también parece incluirse al adjetivo distópico, referido a la distopía que denota la “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Acaso porque la nueva normalidad pueda hacerse, precisamente, distópica si el COVID -término asimismo incorporado, en mayúsculas, de uso tanto masculino como femenino- no es rendido por las vacunas que se anuncian con más expectativas que presentismo. Otro nuevo término asimismo este, con dos acepciones de interés. Una es la acción y el efecto de estar presente y por eso es muy deseable que el presentismo afecte a las vacunas. Y otra se refiere a la proyección de los valores del presente en el pasado. Esto es, juzgar acontecimientos pretéritos con juicios contemporáneos, como, entre otras situaciones, ocurre a veces con las interpretaciones históricas.

Puesto que la Academia dice recoger las palabras que usan los hispanohablantes, habrá escuchado o leído el empleo de izquierdizar para referir que alguien pasa a tomar posturas ideológicas de izquierda o que tiende a ellas. O el de derechoso, como alguien políticamente cercano a la derecha, usado más en sentido irónico o despectivo. O el de prebendarismo, como práctica, especialmente en política, consistente en favorecer a determinadas personas concediéndoles empleos lucrativos y poco trabajosos, a modo de prebendas. Luego razones tendrá la Academia en su calidad de testiga y notaria del nombre de las cosas. Como para nombrar, con macho alfa, en un grupo de animales sociales, el dominante, y un uso también en sentido figurado. Y otro término aceptado va servirme para desearles, coloquialmente, buen finde.

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